14.2. Los primeros modelos de estudio de la adultez y la vejez

La intimidad, la generatividad y la integración del yo: el modelo de Erikson

Intimidad frente a aislamiento:

Tarea fundamental del adulto joven: ser capaz de comprometerse con otra persona, establecer una relación de intimidad, cercanía estrecha y confianza en el otro, pero sin perder la propia identidad o sentido de quién soy yo en este mundo.

Cualidad que surge: capacidad de amar.

Quienes se estancan en esta etapa lo harán en un sentimiento profundo de aislamiento social y verán en los otros una amenaza para el propio yo. Esto le puede conseguir las metas de la siguiente etapa.

Generatividad frente a estancamiento:

Más allá de la identidad y la intimidad, la persona debe comprometerse con los otros, con su trabajo, con la familia o la sociedad en un sentido más amplio. Se siente necesitado y está de acuerdo con el compromiso que esto supone, lo que le lleva a cuidar y supervisar todo aquello que está generando.

Las cualidades que surgen son la productividad y el cuidado.

El adulto estancado prefiere la comodidad de la etapa anterior, centrarse en uno mismo y no intentar aportar a los demás. Se convierte en un adulto egoísta, que cae en el aburrimiento y no se compromete con la sociedad.

Integridad del yo frente a la desesperación:

La persona debe estar de acuerdo con las decisiones vitales adoptadas estando orgulloso de los aciertos y aceptando los fracasos, considerando así la propia vida como un todo significativo. Esto no se conseguiría si no recuerda los errores, que sería la actitud definitoria de una persona neurótica.

En este recuerdo son especialmente importantes los periodos de transición, en los que tomó decisiones importantes.

La persona que cae en la desesperación intentaría dar marcha atrás y tomar decisiones diferentes a las que en su día tomó, se siente apesadumbrada y desilusionada con su propia vida. En caso de ausencia de integración, la desesperanza no deja de ser una forma de intentar negar la inevitabilidad de la muerte.

Cualidad que surge: la sabiduría (comprensión de los aspectos vitales basada en la experiencia).

Las etapas de Levinson y la crisis de la mitad de la vida

Estableció una estructura de la vida en la que encajarían el desarrollo de cualquier adulto en un momento dado. Fases:

Adultez temprana (17-45 años):

La vida alcanza su mayor potencialidad: se lo logran las aspiraciones de la juventud referentes a la familia, trabajo, posición social, etc.

Se alcanzan los mayores niveles de estrés y tensión asociado a responsabilidades familiares y laborales, problemas económicos o decisiones vitales.

Adultez intermedia (45-65 años):

Comienza a aparecer el declive físico, pero coexiste con una energía suficiente para tener una vida satisfactoria.

Es la generación dominante: los líderes en diferentes ámbitos transitan por esta etapa.

La crisis de mitad de la vida

Levinson popularizó la idea de crisis. Cada una de sus etapas está precedida y precede a una época de transición o crisis que dura uno 5 años.

Etapa de transición a la adultez intermedia (40-45 años):

Momento de reflexión, concienciación sobre el paso del tiempo y preparación de la vida intermedia.

Período de movilización emocional que derivará en una reformulación de los valores, de las expectativas y de los sentimientos.

Estudios realizados para comprobar su existencia han encontrado que sólo se da en un porcentaje pequeño de personas adultas, y no necesariamente en las fechas previstas (pueden ocasionarse en la década de los 30 o los 50). Además no se trataría de una crisis normativa ya que se produce por acontecimientos idiosincrásicos incluidos entre los cambios no normativos, por lo que no puede considerarse como parte de una etapa por la que pasan todos los individuos.

Analizando la personalidad de los individuos, la crisis de mitad de la vida es más probable en personas que puntúan alto en neuroticismo.

Integrando diferentes visiones de la mediana edad

Dos visiones de la mediana edad:

Idea de la adultez como época de estabilidad (hasta la segunda mitad del siglo XX).

Conceptualización de algunos años de esta época de la vida como de crisis profunda y reevaluación de la propia vida.

Lanchman conjuga estas visiones:

Estabilidad y crisis como dos extremos de un continuo: algunas personas estarían en uno u otro extremo, pero la mayoría se situarían a lo largo del continuo, por lo que para ello la adultez es una época que no es estable; supone cambios pero que no derivan en una auténtica crisis.

Estabilidad y crisis como representación de diferencias individuales: explicaría las diferentes descripciones de crisis:

Descripciones de crisis provenientes de muestras de adultos en consultas clínicas.

Descripciones de estabilidad de quienes realizan estudios normativos.

Estabilidad y crisis como un esquema secuencial: las diferentes crisis por las que se pasa a lo largo de la vida son necesarias para conseguir un mejor ajuste, un desarrollo positivo y un logro más avanzado.

Estabilidad y crisis como crisis parciales (diferentes dominios en la misma persona): cada persona podrá tener crisis parciales en algún terreno de su vida y estabilidad en otros.

Climo y Stewart describen esta etapa en términos de cambios positivos. Abogan por la idea de la adultez media como el momento de mayor sentido de competencia, mayor eficacia y confianza en uno mismo. Apoyan la idea de Erikson de la adultez como momento generativo que permite sustentar sobre las personas de esta edad, el peso principal de la sociedad. La posibilidad real de la muerte como un elemento motivador para potenciar la generatividad, y no sólo el crecimiento “interior”, sino también para dejar un legado propio en la vida que suponga acciones y resultados objetivos en comunión con uno mismo y los otros.

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