6.3. La adquisición de la fonología, la gramática y el léxico

El desarrollo fonológico

La percepción del habla

Los recién nacidos oyen una gran cantidad de sonidos, algunos lingüísticos y otros no. En pocos meses, los bebés son capaces de identificar palabras discriminando entre sonidos lingüísticos y no lingüísticos. Son capaces de realizar este proceso porque disponen de capacidades auditivas, potentes mecanismos de aprendizaje y un contexto social.

Waxman y Lidz (2006) sostienen que la primera habilidad lingüística que deben adquirir los bebés es la de reconocer una palabra concreta. Este proceso comienza cuando los bebés son capaces de hacer discriminaciones entre sonidos, como la diferenciación fonética (pa y ba).

Durante los seis primeros meses de vida los bebés tienen una gran sensibilidad hacia los sonidos del habla. Pero lo más interesante es que hasta los 10 meses, los bebés no sólo son sensibles a los contrastes fonéticos de su lengua materna, sino que también lo son a los contrastes de otras lenguas, mientras que los adultos no. Esto sugiere que la capacidad que tienen los bebés para discriminar los sonidos es en un principio potencialmente ilimitada, y que esta capacidad irá acotándose hasta llegar más o menos a los 9 meses, edad en la que el bebé comienza a especializarse en la discriminación de los sonidos específicos de su lengua.


Los recién nacidos también son muy sensibles a los ritmos del lenguaje, aspecto que juega un papel importante en la discriminación de las distintas lenguas.

Los idiomas tienen tres categorías rítmicas.

Mehler y colaboradores han comprobado que los recién nacidos y los bebés de dos meses pueden discriminar dos lenguas siempre que éstas pertenezcan a distintas clases rítmicas. Durante años se pensó que existía algún dispositivo neurológico específico para el procesamiento de los sonidos del habla. Sin embargo, las investigaciones realizadas con animales indican la misma sensibilidad a las diferencias entre categorías fonéticas.

Estos datos indican que la percepción del lenguaje podría estar arraigada a nuestra historia filogenética.

Para terminar, hacia los 9 meses, los bebés disponen de potentes mecanismos de aprendizaje que les permiten detectar las regularidades prosódicas de su lengua materna. Por ejemplo, en la lengua inglesa las palabras bisílabas tienden a comenzar por una sílaba tónica. Este patrón no se percibe antes de los nueve meses, por lo que se entiende que los bebés aprenden estas reglas mediante la exposición continuada a los sonidos de una lengua.

El aprendizaje de un idioma suele producirse en el seno de interacciones sociales ricas en información paralingüística.

La producción del habla

Los bebés emiten sonidos reflejos desde el nacimiento, y poco a poco van adquiriendo una función comunicativa y de exploración del tracto vocal.

Hasta las ocho semanas emiten sonidos reflejos, gritos, gruñidos. A los tres meses emiten e intercambian arrullos con los adultos.

A partir de los 6-7 meses es cuando la maduración del tracto articulatorio y de las conexiones sensoriomotoras subcorticales entre el sistema auditivo y el de producción del lenguaje provocan el balbuceo. El balbuceo comienza de una forma reduplicativa (mamamamamamama) y posteriormente de forma abigarrada (ama ama ama ama) siendo ambos tipos de balbuceo simultáneos, comenzarían a la vez y coexistirían en el tiempo.

El balbuceo se va ajustando a los patrones lingüísticos del entorno del niño.

Roman Jakobson consideraba el balbuceo como un proceso de orientado biológicamente y que entre el balbuceo y las primeras palabras existía un periodo de silencio. En contraposición a esta teoría, investigaciones recientes demuestran que sería más bien un proceso continuo, puesto que se ha encontrado que el balbuceo y las primeras palabras utilizan el mismo repertorio de sonidos. Menn y Stoel-Gammon (1995) piensan que la función del balbuceo sería la de ofrecer la niño la posibilidad de practicar la producción de sonidos (mediante la repetición de los mismos) y, al mismo tiempo, recibir retroalimentación sobre sus emisiones (el niño se oye y se autorregula).

Gopnick, Meltzoff y Kuhl (1999) subrayan que el balbuceo es la forma que tienen los niños de imitar los sonidos adultos , de relacionar los movimientos de las articulaciones implicadas en la producción del habla con los sonidos que emite.

A los 12 meses, los niños producen sus primeras verbalizaciones con significado (versiones de palabras adultas o protopalabras).

La adquisición del léxico

La tarea de adquirir el significado consiste en asociar una palabra con el concepto semántico al que se refiere en el mismo campo semántico. En la producción de las primeras palabras con significado se ha detectado una gran variabilidad interindividual, asimismo, se ha comprobado que las formas emitidas no se corresponden con las formas adultas.

Peters (1983) señala que el tipo de habla al que el niño está expuesto, el que esperan los cuidadores de el niño, y el desarrollo neurológico son factores que determinan diferencias individuales.

Nelson aborda las regularidades en el proceso de adquisición de las primeras palabras (personas, objetos, comida y juguetes). Según el estudio de Nelson los roles que mas llaman la atención de los niños son los de objetos móviles y movibles.

Fenómenos en la adquisición temprana del léxico:

  1. Dependencia del contexto: cuando se adquiere una palabra, se utiliza solo en contextos muy específicos y solo cuando el desarrollo léxico va teniendo lugar se empieza a descontextualizar. Aparece pronto en el patrón de desarrollo.

  2. Subextensiones o restricciones: consiste en el uso de una palabra en distintas situaciones para referirse sólo a una parte de un conjunto mucho más amplia de objetos. (perro para referirse a una raza en concreto). Aparece pronto en el patrón de desarrollo.

  3. Sobreextensiones: consiste en el uso de una forma léxica para referirse de forma errónea a otros conceptos que comparten similitudes (designar “perro” a cualquier animal de cuatro patas). Aparece tarde en el patrón de desarrollo.

  4. Solapamiento: consiste en el uso de una palabra de forma sobreextendida, para referirse a referentes no apropiados, y que a la vez se utiliza de forma restringida (uso del termino “perro” para referirse a los perros grandes y otros animales grandes como las vacas, pero no para referirse a los perros pequeños).

  5. Desajuste: Uso de palabras de forma diferente de lo que dicta el lenguaje adulto, no existiendo solapamiento (el uso de la palabra “pato” no para referirse a un animal, sino para referirse al lago donde encuentra a los patos). Durante el primer año del bebé la adquisición de vocabulario es muy lenta. Después del año se produce un incremento agudo del numero de palabras que comprenden (carácter no lineal), mientras que la producción de palabras es más lenta y tardía. Cerca de los 2 años y medio el niño deja de hacer sobreextensiones y pregunta frecuentemente por el nombre de las cosas.

La adquisición de la gramática

En el transcurso del desarrollo, los niños deben ir ajustando progresivamente sus emisiones lingüísticas a las reglas formales de una determinada lengua.

Centrándonos en el enfoque teórico hay varias teorías:

  • Algunos autores piensan que le niño va adquiriendo progresivamente las reglas gramaticales a través del contacto con una determinada lengua, habiéndose propuesto mecanismos de socialización

  • 
Los seguidores del enfoque chomskiano, defienden la existencia de un dispositivo innato de adquisición del lenguaje (DAL).

  • Otros seguidores del conexionismo, defienden modelos de redes para dar cuenta de los patrones de adquisición mostrados por los niños.

Etapas en la adquisición de la gramática

Alrededor de los 12 meses los niños empiezan a emitir sus primeras palabras, sin estar éstas sujetas a las reglas gramaticales. Producen palabras-frase u holofrases.

Habla holofrásica: emisiones vocales pregramaticales constituidas por una sola palabra que tiene un significado global más amplio que la sola referencia. No son construcciones sintácticas, sino hipótesis que surgen de un orden icónico (perceptivo), dependientes del contexto, de origen pragmático y con procesamiento lingüístico lento.

Para los psicolingüistas chomskianos este periodo de habla holofrásica expresa la existencia de un universal lingüístico del tipo sujeto-verbo-objeto (innato), pero que no podrían expresar por restricciones biológicas de tipo madurativo. Por eso los niños dicen solo (pan), que designa sujeto-verbo-objeto.

Alrededor de los 18 meses, comienzan a aparecer las primeras producciones organizadas gramaticalmente. Son emisiones de dos o tres palabras que el niño combina mediante su sistema propio "habla telegráfica".

Gramática pivote: propuesta de Braine para caracterizar las primeras emisiones vocálicas de dos o tres palabras, caracterizadas por la ausencia de nexos y morfemas, según la cual existen dos tipos de palabras: pivotes y abiertas.

Según López-Ornat con las emisiones de dos palabras comenzaría la gramaticalización. A partir de este momento, las emisiones se caracterizan por variaciones morfológicas, independencia del contexto, construcciones sintácticas complejas, proceso lingüístico rápido.

En esta fase el niño utiliza prerreglas que le lleva a cometer errores de omisión de marcas gramaticales obligatorias y de selección de marcas gramaticales no adecuadas.

Posteriormente aparece el fenómeno de sobrerregularización o hiperregularización que consiste en que el niño aplica una regla gramatical en casos en que no se debe aplicar, cometiendo errores gramaticales.

Alrededor de los tres años, adquieren reglas gramaticales propias del adulto desapareciendo los errores de sobrerregularización.

El limite final del proceso de gramaticalización está entre los 7 y los 12 años.

La sobreregulación morfológica

Se ha dedicado una especial atención a la explicación de este fenómeno en la adquisición morfológica.

Este fenómeno consiste en la tendencia a regularizar todos los verbos (en lugar de decir hecho dice hacido), produciendo formas que nunca ha oído.

Su desarrollo tiene forma de U. Este es un patrón evolutivo habitual en el desarrollo cognitivo.

Tiene tres estadios:

  1. Actuaciones casi sin errores

  2. Cometen numerosos errores, comienzan a sobregeneralizar las reglas

  3. Uso correcto de las formas verbales

Bloom (1993) explica los dos primeros estadios: en el primero aprenden las formas verbales mediante memoria repetitiva, con actuación libre de errores. Y en el segundo surge cuando descubren que existen reglas de formación de los pasados, cometiendo errores con los verbos irregulares.

La explicación del tercer estadio (sobrerregularización) no está clara.

La explicación tradicional del fenómeno de sobrerregularización supone la existencia de un modelo de doble ruta: un almacén de memoria y un sistema de reglas que construye las variedades morfológicas.

Desde el enfoque conexionista se proponen modelos con un único mecanismo. Rumelhart y McClelland trataron de simular esta secuencia típica, mediante un asociador de patrones simple y una regla de aprendizaje basada en la regla de Hebb.

Regla de Hebb: La fuerza de conexión entre dos unidades de una red neural aumenta cuando ambas se encuentran activas simultáneamente.

Este modelo es capaz de explicar la curva en forma de U.

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