4.1. Aproximación histórica al estudio del apego

Vamos a profundizar en algunos aspectos de la vida emocional del bebé, y más concretamente en el vínculo afectivo, teniendo en cuenta nuestra marcada condición social.

El neonato tiene una infancia muy larga debido a su inmadurez. Esto provoca que dependa de sus progenitores y que se establezca entre ellos una estrecha comunicación y un vínculo afectivo llamado apego.

Cuando este vínculo está bien establecido se manifiesta en conductas adaptativas orientadas a mantener la cercanía y el contacto con las figuras de apego.

El modelo Interno de Trabajo (MIT) es la capacidad que tiene el niño de generar representaciones mentales y de manipular en ellas la realidad de su relación de apego.

En primer lugar, vamos a estudiar la relación de apego entre el lactante y la madre vista desde tres perspectivas diferentes.

La teoría conductista de la reducción del impulso

Según esta teoría, el afecto entre madre e hijo se debe a las necesidades básicas del bebé, en concreto la del hambre, convirtiendo al adulto en un estímulo placentero.

Spitz estudió el comportamiento de los niños institucionalizados y llegó a la conclusión de que tras seis meses de relación madre-hijo la separación de estos provoca una depresión analítica

También estudió a los niños que presentaban condiciones precarias de cuidado y afecto. Spitz observó que estos niños padecían el síndrome del hospitalismo (niños inexpresivos y pasivos).

Aportaciones desde la etología

Los etólogos sostienen que la conducta social siempre presenta algunos aspectos innatos.

La impronta o troquelado, que consiste en la conducta de seguimiento del primer objeto que se mueve (normalmente la madre) que muestran las crías de algunas aves. El troquelado tiene un período crítico en el cual el seguimiento es fácil de establecerse. Transcurrido el mismo (24h) difícilmente se desarrollan conductas de seguimiento. Los Harlow a comienzos de los 50 estudiaron la conducta de filiación en los primates.

Detectaron los efectos negativos de la deprivación afectiva. También concluyeron que si existe alguna conducta instintiva en los monos, ésta se dirige hacia la búsqueda de afecto y protección.

Los siguientes trabajos de los Harlow confirmaron la existencia de complejas pautas de filiación entre monos (abrazo, elevación de cabeza, prensión refleja de manos y pies).

Se ha utilizado la deprivación afectiva para ver sus desventajas. Por ejemplo, un total aislamiento social puede provocar miedos e indiferencia a las relaciones sociales.

Un aislamiento menos prolongado puede potenciar conductas agresivas en la adultez.

El apego en el ser humano

Hipótesis propuestas por los psicoanalistas

Los modelos de los psicoanalistas ofrecen una visión muy enriquecedora de la relación madre-hijo. Ven positiva esta relación para el desarrollo de la personalidad y la adquisición de seguridad emocional en el sujeto.

En 1926 Sigmun Freud publica, Inhibición, síntoma y angustia, ensayo en el cual no manifiesta ninguna predisposición a aceptar la existencia de respuestas primarias de seguimiento que fueran susceptibles de establecer un vínculo entre madre-hijo. Para Freud el amor que surge del bebé hacia la madre es una cuestión de necesidad satisfecha de alimento. Freud no fue un defensor acérrimo de la teoría del impulso secundario.

Burlingham y Anna Freud (1942) en un estudio realizado a niños huérfanos desde el nacimiento e institucionalizados, llegaron a dos conclusiones:

  1. Solo después de los doce meses el apego que surge del niño hacia la madre alcanza su pleno desarrollo.

  2. Los niños se apegan incluso a madres que están continuamente de mal humor. Estas psicoanalistas llegaron a manifestar que el niño siente la necesidad de un vínculo temprano con la madre de manera intuitiva.

Melanie Klein manifiesta que la relación entre niño-madre va más allá de la mera satisfacción de necesidades fisiológicas. Esta autora resalta la importancia del componente no oral de la relación que se origina en el deseo primario de regreso al vientre materno.

Spitz se adhiere plenamente a la teoría del impulso secundario.

La teoría etológica de Bowlby

Bowlby reuniría la influencia de las investigaciones de los Harlow con los monos y de los psicoanalistas con los niños, para enfocar una potente teoría sobre el apego. Bowlby estudió a niños con graves problemas emocionales, examinando su evolución muy de cerca gracias a su condición de médico.

Estos niños con un vinculo de apego ya establecido atravesaban tres fases que podían culminar en una desvinculación emocional:

  1. Fase de protesta

  2. Fase de inapetencia o indefensión

  3. Fase de desapego

Con estos datos Bowlby elaboró un informe para la OMS (1951) en el que pone especial énfasis en la necesidad de que el niño pequeño tenga una relación intima y continuada con la madre. En 1958 expone su primera teoría sobre el apego en la que subraya que el vinculo afectivo con la madre responde a un hecho primario que tiene una importante función adaptativa.

En 1958 Bowlby también elabora un modelo en el que muestra como este vinculo se construye a partir de unos dispositivos (succión, llanto, sonrisa...) que predisponen al bebé hacia el contacto social. En 1969 profundiza en este modelo y destaca como entre los 9 y los 18 meses el bebé incorpora nuevos sistemas de actuación dirigidos al objetivo de mantener la proximidad de la madre.

El razonamiento de Bowlby concuerda con los postulados etológicos.

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