7.1. Las múltiples caras de la metacognición

El término “metacognición” hace referencia al conocimiento que se posee sobre el propio conocimiento (o sobre la propia cognición), el cual a su vez es producto de una capacidad que también parece ser especial y exclusivamente humana: la capacidad de la mente de “volverse sobre sí misma” y analizar sus propios procesos de pensamiento y de conocimiento.

La metacognición se contempla como un conocimiento de “segundo orden” en cuanto se tiene a sí mismo como objeto (“meta”) y en contraste con el acceso y uso directo que se hace del conocimiento, se considera que el metaconocimiento implica un tipo de acceso cualitativamente distinto, un “acceso reflexivo” que supone cierta conciencia y control sobre los propios procesos cognitivos.

Recursividad: Capacidad de reflexión o auto-referencia. La recursividad está en la base de todas las “metas”: metacognición, metacomunicación, metaanálisis, etc.

El constructo de metacognición se reconoce como multidimensional y multifacético.

Existen 2 ideas importantes:

  • Aunque se trata de una forma “especial” de conocimiento (conocimiento de segundo orden) la metacognición sigue siendo cognición y por tanto debe describirse y analizarse según los mismos parámetros.

  • La metacognición, como cualquier otra capacidad cognitiva, ha de enfocarse como una competencia compleja que es producto de un desarrollo evolutivo progresivo y gradual.

Conocimiento metacognitivo y control metacognitivo

El propio término de metacognición tiene su origen en algunos estudios evolutivos pioneros sobre el desarrollo de estrategias de memoria, siendo así el concepto de metamemoria, su primera referencia.

También proviene de estos primeros trabajos la principal distinción que se ha realizado en torno al fenómeno y que identifica 2 amplias formas de metacognición:

  • La que se refiere al conocimiento sobre el propio sistema cognitivo.

  • La que tiene que ver con el control, dirección o regulación activa de sus procesos.

Según Flavell la metacognición se refiere al conocimiento que uno tiene acerca de los propios procesos y productos cognitivos o cualquier otro asunto relacionado con ellos, por ejemplo las propiedades de la información relevantes para el aprendizaje. La metacognición hace referencia a la supervisión activa y consecuente regulación y organización de estos procesos en relación con los objetos o datos cognitivos sobre los que actúan, normalmente al servicio de alguna meta u objetivo concreto.

Flavell ya se refiere a la metacognición tanto en términos de contenido o de conocimiento propiamente dicho, como en relación con sus funciones de control o regulación de la propia actividad cognitiva.

En los trabajos de Brown son los primeros donde se reclama la necesidad de distinguir entre ambos planos, el conocimiento y el de la regulación.

Este tipo de distinción supone un doble enfoque de la metacognición como “producto” (como un contenido más del bagaje de conocimientos que puede recuperarse) y como “proceso” (entendida como operaciones estratégicas en marcha activamente aplicadas durante la realización de una tarea).

Brown ofrece una detallada caracterización de ambos planos tratando de precisar sus diferencias. Se trata de una división que reproduce una distinción realizada en el primer nivel cognitivo, relativa a los 2 tipos básicos de conocimiento: el declarativo y el procedimental, solo que aquí, es el propio sistema cognitivo el objeto de ambos.

Contraste entre metaconocimiento y control metacognitivo según Brown:

  • Conocimiento metacognitivo
    • Hace referencia a lo que las personas saben acerca de sus propios procesos cognitivos y los de las demás personas en general. Este conocimiento se considera:
      • Relativamente estable, como un modelo intuitivo de lo que es y cómo funciona el intelecto
      • Constatable y comunicable, en cuanto que se puede acceder reflexionar y hablar sobre el mismo
      • Falible, puesto que pueden darse interpretaciones erróneas y mantenerse ideas equivocadas
      • De desarrollo tardío, dado que supone volver sobre el propio pensamiento como objeto de reflexión
  • Control metacognitivo
    • Tipo de actividad cognitiva implicada en la dirección y autorregulación de los procesos de pensamiento y aprendizaje: la planificación del proceso y de las estrategias a usar, evaluando y distribuyendo los recursos disponibles, la supervisión del mismo mientras está en marcha y la evaluación de los resultados que se obtienen en función de los objetivos. En cuanto a actividad:
      • No se considera estable, con uno y otro nivel de eficacia, está asociada a toda actividad cognitiva y por tanto dependiente de la situación y de la tarea concreta
      • Debe ser relativamente independiente de la edad
      • Puede que discurra en gran parte por debajo del nivel de conciencia y sea inaccesible e incomunicable

El conocimiento metacognitivo es de naturaleza declarativa puesto que se refiere a un “saber qué” acerca del funcionamiento del sistema cognitivo, pudiendo ser recuperado y expresado, es el que propiamente cabría llamar “metaconocimiento”.

El control metacognitivo tiene un carácter procedimental ya que se refiere a un “saber cómo” que se concreta en su aplicación activa, tratando de organizar estratégicamente los recursos disponibles y promover con ello el funcionamiento eficaz del sistema en el contexto de una determinada tarea (como un conocimiento metaestratégico).

Ambas formas de conocimiento están estrechamente relacionadas y se influyen mutuamente (interactúan).

Multidimensionalidad de la metacognición

En el modelo posterior de Flavell se distingue entre el metaconocimiento propiamente dicho de lo que serían las experiencias metacognitivas que se producen en el contexto de la propia actividad cognitiva.

Flavell distingue distintos tipos de conocimiento metacognitivo en función del tipo de contenido al que se refiere: sobre la persona, la propia tarea o las estrategias aplicables.

Brown diferencia entre distintos tipos de procesos de control metacognitivo: planificación, supervisión y evaluación.

Principales componentes de la metacognición:

  • Conocimiento metacognitivo (Flavell)
    • Sobre la persona: se refiere al conocimiento que tenemos de nosotros mismos como pensadores y aprendices sobre nuestras capacidades y experiencia en la realización de las tareas, así como de otros estados y características personales que pueden afectar al rendimiento en las mismas. Es relativo a las variables intra e interindividuales relevantes a la tarea. Ejemplo: que uno recuerda mejor las caras que los nombres.

    • Sobre la tarea: comprende el conocimiento que tenemos de sus objetivos, así como de todas aquellas características que influyen en su mayor o menor dificultad. Ayuda a elegir la estrategia más adecuada para afrontarla. Es relativo a las características y demandas de la actividad a realizar que influyen en la ejecución. Ejemplo: saber que la tarea de reconocer es más sencilla que la de recordar.

    • Sobre las estrategias: es el conocimiento sobre los medios que pueden ayudar a la ejecución de la tarea (ejemplo: la realización de esquemas facilita la comprensión y el recuerdo de materiales escritos), sobre el procedimiento a seguir al aplicarlos (ejemplo: saber los pasos para elaborar un esquema) y las condiciones bajo las cuales resultan más adecuados (ejemplo: saber que elaborar un esquema puede ser útil para preparar cualquier tipo de examen). Conlleva la comprensión de los aspectos declarativos, procedimentales y condicionales de las estrategias aplicables.

  • Control metacognitivo (Brown)

    • Planificación: se refiere a la elaboración de un programa de acción antes de comenzar la tarea, lo que implica organizar los recursos y estrategias a usar, así como la secuencia de acciones a seguir teniendo en cuenta los objetivos finales perseguidos.

    • Supervisión: a fin de asegurar el progresivo acercamiento hasta la meta u objetivo final se requiere la revisión y reajuste de las acciones durante el proceso en función de los resultados parciales que se van obteniendo. Ello supone un doble proceso interactivo de abajo-arriba (el de revisión, por ejemplo: detectar cuando se produce un error, o la fuente de la información que se está manejando) y de arriba-abajo (el de reajuste, por ejemplo: corregir un error, inhibir una fuente de información, redistribuir o cambiar el foco de atención.

    • Evaluación: valoración de los resultados finales después de la tarea en relación con las metas perseguidas, a fin de considerar de nuevo ensayos corrigiendo los planes o estrategias seguidas.

    • Todos estos procesos pueden considerarse relativos a un control ejecutivo central orientado a promover una adecuada autorregulación de la actividad cognitiva que optimice los resultados conseguidos.

Lo cognitivo frente a lo metacognitivo: una dimensión continua

El lector busca las ideas principales del texto como estrategia encaminada a un objetivo (actividad cognitiva) pero simultáneamente como meta-estrategia encaminada a controlar el propio proceso de comprensión lectora (regulación metacognitiva).

El problema de la conciencia

La metacognición parece estar asociada a la conciencia, no sólo en el plano declarativo (como metaconocimiento) sino también en el procedimental (como autorregulación) ya que solo en la medida en que uno sea consciente de cómo se van produciendo los procesos, será realmente capaz de controlarlos eficazmente.

Brown identifica la metacognición con este control deliberado y consciente cuyo aumento parece ser parte esencial del progreso que se produce con el desarrollo evolutivo. El control consciente no es sinónimo de eficacia en la resolución de tareas, pues ésta también puede estar asociada a una ejecución automatizada e inconsciente. Así distinguió entre el metaconocimiento como parte declarativa, explícita y consciente de la metacognición y el control metacognitivo como la parte procedimental, no necesariamente consciente ni verbalizable.

Existe una distinción entre las formas “estables” de conocimiento (productos) y los “estados” cognitivos cambiantes durante la ejecución de una tarea (procesos).

También existe una distinción entre el conocimiento verbalizable relevante a la regulación de la actividad cognitiva y el conocimiento aplicado a esa regulación.

Se puede acceder y verbalizar cierto conocimiento sin que necesariamente se aplique (en relación con el metaconocimiento declarativo estable) ejemplo: relativo a las variables personales, de la tarea y estratégicas que identifica Flavell.

También se pueden aplicar eficazmente ciertas estrategias en el contexto de la tarea sin que el sujeto tenga una noción clara de que lo hace o de cómo lo hace, sin que sea capaz de acceder y verbalizar ese conocimiento que realmente aplica (en relación con el control metacognitivo).

En los modernos enfoques sobre el desarrollo (de corte constructivista) la conciencia ya no se entiende como una propiedad intrínseca de la metacognición, sino que se tienden a considerar distintos grados de conciencia y explicitación del conocimiento y del metaconocimiento (tanto en el plano declarativo como en el procedimental) y a relacionarlos con los distintos niveles evolutivos.

Contexto de referencia y generalidad de aplicación

Hay 2 contextos importantes en las que conviene situar lo metacognitivo a fin de precisar su particular naturaleza y que tienen que ver ambas con el nivel de generalidad que puede asignársele:

En primer lugar cabe extender el campo de aplicación de lo metacognitivo al conocimiento que se tiene en general sobre la mente y su funcionamiento, lo que además de lo que atañe a la cognición de uno mismo, incluye también la cognición sobre la “cognición de los demás”. Este sería el campo que se denomina “Teoría de la Mente” (ToM) el cual sitúa la metacognición en el contexto, no de la resolución individual de tareas concretas, sino en el de la comunicación e interacción sociales al servicio de la interpretación y predicción de la conducta.

En segundo lugar también se puede ampliar el ámbito de la metacognición considerando no tanto el contexto personal o interpersonal de referencia, como el nivel de generalidad y abstracción de los contenidos y procesos involucrados.

Tanto en el contexto de la cognición propia (aplicada al procesamiento de la información en la solución de problemas) como en el de la ToM (aplicada en las dinámicas de interacción social) el metaconocimiento puede ser relativamente específico y situacional (referido a situaciones, personas, tareas o estrategias concretas) o se independiente de las mismas.

En este último caso se puede hablar de un metaconocimiento más general y abstracto de carácter epistemológico en cuanto se refiere propiamente a lo que sabemos (o creemos saber) en general acerca de cómo la mente “conoce” (a cómo se conceptualizan las capacidades y disposiciones de la mente para conocer)

Existen 3 niveles crecientes de generalidad en correspondencia con 3 contextos de investigación: personal, interpersonal e impersonal.

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