8.2. La hostilidad

El estudio de la hostilidad está estrechamente relacionado con el estudio de la ira y de la agresividad. Autores como Miller, Smith, Turner, Guijarro y Hallet señalan que “aunque se ha utilizado el término de hostilidad para describir un amplio constructo que implica efecto, cognición y conducta, el término ha tenido casi siempre una utilización más específica implicando factores cognitivos”.

2.1. Definición de hostilidad

Smith opina que “la naturaleza claramente cognitiva de este tema y la naturaleza conductual de tendencia a la acción, subraya la dificultad en derivar definiciones conceptuales completamente distintas de ira, hostilidad y agresión”.

La hostilidad se contempla como una actitud emocional cognitiva. Buss indica que es una actitud que implica la evaluación negativa y aversiva de otros. Esta definición es la más recogida por los investigadores.

Plutchik considera la hostilidad como una mezcla de ira y disgusto, asociada con indignación, desprecio y resentimiento.

Saul define hostilidad como una fuerza motivante, ya sea impulso consciente o inconsciente, tendencia, intento o reacción, que va dirigida a injuriar o destrozar algún objeto, estando acompañada usualmente la hostilidad por el sentimiento o emoción de ira.

Berkowitz define hostilidad como una actitud negativa hacia una o más personas que es reflejada en un juicio decididamente desfavorable del blanco.

Spielberger dice que la hostilidad es un complejo conjunto de creencias y actitudes que motivan conductas agresivas y a menudo vengativas.

Smith define hostilidad como un sesgo cognitivo que indica una devaluación del valor y de los motivos de los otros, una expectación de que los otros están equivocados, una perspectiva de estar en oposición hacia los otros y un deseo de infligir daño o ver a los otros como dañinos.

En definitiva, podemos definir la hostilidad como un sistema de procesamiento de informaciones aversivas sobre otros que permite movilizar anticipadamente acciones preventivas, ya que las dos principales características definitorias de este proceso son precisamente su capacidad para seleccionar y procesar información significativa, y su capacidad de proacción.

2.2. Características de la hostilidad

La característica más importante de la hostilidad es que es una actitud mantenida y duradera que implica variables cognitivas de cinismo, desconfianza y denigración.

La característica central distintiva del constructo de hostilidad implica las variables cognitivas de cinismo (la creencia de que los otros están egoístamente motivados), desconfianza (la sobregeneralización de que los otros podrían ser dañinos e intencionalmente provocadores), y denigración (la evaluación de los otros como deshonestos, peligrosos, mezquinos y no sociables).

La hostilidad implica creencias negativas acerca de otras personas, así como la atribución de que el comportamiento de estas otras personas es antagónico o amenazador para nosotros.

Barefood describe el componente cognitivo de hostilidad como los sentimientos negativos hacia otros. Hace una distinción entre cinismo y atribuciones hostiles. Cinismo serían “las creencias negativas acerca de la naturaleza humana en general” y atribuciones hostiles “las creencias de que la conducta antagonista de otros está dirigida específicamente hacia uno mismo”. Barefood señala que el componente afectivo incluye varios estados emocionales como ira, enojo, resentimiento, asco y desprecio.

Una característica muy importante de la hostilidad es el componente afectivo de esta actitud. Según Izard “las emociones más prominentes en el patrón de hostilidad son ira, asco y desprecio”. Este autor señala que “la agresión en un acto físico que puede o no ser instigado y mantenido en parte por una o más de las emociones del patrón de la hostilidad. La intención es dañar, desconcertar, o defender el objeto”.

2.2.1. Antecedentes de la hostilidad

La hostilidad no tiene unos desencadenantes concretos y universales. El desencadenante es el proceso de estrés, que es quien detecta cambios en las condiciones ambientales. Si detecta condiciones aversivas por parte de otros, se activa la hostilidad.

La hostilidad implica la percepción de los demás como una fuente frecuente de provocación, maltrato y frustración, asumiendo como resultado la creencia de que los otros no merecen la confianza ni el respeto.

Estos antecedentes son anticipatorios, más o menos reales de estímulos amenazantes, se percibe o atribuye a otras personas una serie de actitudes, y ello desencadena la actitud hostil.

Al margen de los antecedentes anteriores, que son los más frecuentes y comunes a casi todas las personas que tienen una actitud hostil, hay una serie de hechos más particulares que pueden provocar una actitud hostil, entre ellos el dolor intenso. Así por ejemplo Berkowitz señala que las personas que sufren de intenso dolor causado por dolor de cabeza severo o de una continua lesión en sus cordones espinales están frecuentemente airados y/o hostiles.

Otro antecedente estudiado es la temperatura. Con la temperatura displacentera (frío ó calor), es más frecuente una actitud hostil cuando ésta produce daño físico.

2.2.2. Procesamiento de la hostilidad

Las expectativas, atribuciones y creencias de los individuos hostiles inician el proceso, al propiciar que se interprete la conducta de los demás como antagonista o amenazante y al atribuirles intenciones malevolentes.

El procesamiento cognitivo de la hostilidad se produce ante situaciones que suceden lentamente y ante las que se posee un cierto grado de predicción. El acontecimiento presenta un relativo grado de urgencia para afrontar tanto el suceso como sus consecuencias.

En lo que se refiere a la valoración de la posibilidad de afrontar la situación, el motivo o hecho causante de la misma, se entiende que es la intención o la negligencia de otra persona. En tales condiciones, la persona valora que las consecuencias pueden ser controladas o modificadas. Por lo tanto, se valora que se tiene un cierto grado de capacidad para afrontar el suceso y se estima que se posee una alta capacidad para adaptarse a la situación.

Por último, se puede estimar que lo sucedido no está de acuerdo con las normas sociales y personales que podrían considerarse como aceptables.

Las personas que perciben a otros y al medio ambiente de una manera negativa y culpable responden frecuentemente con intensos sentimientos de ira.

Es importante señalar que la hostilidad es una actitud que puede permanecer en el tiempo sin que se repita la estimulación que la propició.

Hay una serie de variables mediadoras o moderadoras del procesamiento de los estímulos y situaciones que generan una actitud hostil. Entre ellas están la estabilidad y el nivel de autoestima, la defensividad, el recelo y la desconfianza, el rol masculino y las normas sociales. Parece que existen diferencias en género en cuanto a la hostilidad. Se ha encontrado que los hombres obtienen mayores puntuaciones en algunos cuestionarios de hostilidad que las mujeres. Además, se ha estudiado que el potencial de hostilidad incrementa con la edad. Una variable que está siendo investigada en relación a la generación de creencias hostiles es la violencia, sobre todo en niños y adolescentes. La violencia derivada de un medio ambiente de abusos y de conductas que incitan a ella genera cogniciones hostiles que pueden desembocar en conductas antisociales y criminales.

2.2.3. Funciones de la hostilidad

Entre las funciones de la hostilidad está la de inhibir las conductas indeseables de otras personas e incluso evitar una situación de enfrentamiento.

La hostilidad en algunas ocasiones, puede actuar como motivadora de conductas agresivas y de venganza. Además, genera un impulso por hacer algo que elimine o dañe al agente que provocó el sentimiento displacentero.

2.3. Activación

2.3.1. Efectos subjetivos

Debido a las cogniciones hostiles, las personas que perciben a otros y al medio ambiente de una manera negativa y culpable, responden con más frecuencia con intensos sentimientos de ira. Los efectos subjetivos de la emoción de ira forman parte de la actitud hostil cuando ésta elicita la emoción de ira.

Por lo tanto, la hostilidad implica usualmente sensaciones airadas. El componente afectivo también incluye varios estados afectivos como el enojo, el resentimiento, el asco o el desprecio. Las personas hostiles, además, cuando se enfadan experimentan constantes rumiaciones.

2.3.2. Actividad fisiológica

2.3.2.1. Sistema nervioso central

El perfil bioconductual de las personas hostiles está determinado fundamentalmente por disminuciones en la función serotoninérgica. La relación entre los niveles disminuidos de serotonina y un incremento en las conductas impulsivas-agresivas está fuera de duda.

2.3.2.2. Sistema nervioso autónomo

Los efectos son similares que en la ira pero más moderados en intensidad y más mantenidos en el tiempo y resistentes a la habituación.

Se producen importantes elevaciones de la frecuencia cardíaca, de la presión arterial sistólica y diastólica, de la salida cardíaca y de la fuerza de contracción del corazón.

También se producen reducciones tanto en el volumen sanguíneo como en la temperatura periférica, ambas como consecuencia de una respuesta de vasoconstricción.

Por último, se producen elevaciones en las medidas de conductancia de la piel, con incrementos en su novel tónico.

2.3.2.3. Sistema nervioso somático

Se producen elevaciones en la tensión muscular general y aumentos en la frecuencia respiratoria, sin que haya cambios en la amplitud de la misma.

2.3.3. Expresión corporal

Smith señala que la hostilidad es un estado de humor negativo caracterizado por expresiones de irritabilidad e ira, pero la manifestación de la hostilidad no se distingue de la ira, aunque la hostilidad está muy relacionada con la agresión.

No existe una expresión facial concreta de la hostilidad. Lo que se reconoce universalmente es la expresión de la emoción de la ira que se manifiesta cuando la actitud hostil provoca la emoción de ira.

No hay unos parámetros de expresión corporal definidos, lo que sí se puede indicar es que la hostilidad es expresada en modos muy sutiles que no violen las normas sociales.

Como ejemplos de conductas verbales de la hostilidad podemos mencionar, entre otros: discutir con la gente con bastante frecuencia y levantar la voz cuando se discute, utilizar un lenguaje fuerte, devolver los gritos cuando alguien les grita, amenazas verbales...

2.3.4. Afrontamiento

El afrontamiento va dirigido a inhibir las conductas indeseables de otras personas e incluso a evitar una situación de enfrentamiento.

La agresión es un aspecto del componente conductual, la agresión verbal y otras formas de conducta opuesta se expresan muy sutilmente y no violan las normas sociales.

El afrontamiento, igual que la expresión, está influido por el género y la socialización.

2.3.5. Medida de la hostilidad

Durante los años 1950 y 1960 las medidas más empleadas en la valoración de la hostilidad y la agresión fueron las técnicas proyectivas (TAT). Actualmente han proliferado las medidas de cuestionarios y escalas, y las proyectivas han caído en desuso para medir la hostilidad. Veamos algunas de las más utilizadas:

  • Buss-Durkee Hostility Inventory (BDHI) ⇒ Diseñado para proporcionar información sobre siete subescalas de hostilidad y una medida global de hostilidad. Las siete subescalas son: asalto, hostilidad indirecta, irritabilidad, negativismo, resentimiento, sospecha, hostilidad verbal.
  • Escala de Hostilidad de Cook-Medley (HO) ⇒ también de las más utilizadas.
  • Cuestionario de Hostilidad y su Dirección (HDHQ), de Foulds, Caine y Creasy.
  • Escala de Hostilidad Manifiesta (MHS), de Siegel.
  • Inventarios de Hostilidad, de Endler y Hunt.

2.4. Consecuencias de la hostilidad

La consecuencias más estudiada de la hostilidad es su relación como factor de riesgo de los trastornos cardiovasculares, y más específicamente de la enfermedad coronaria.

La evidencia actual muestra dos aspectos de su relación con la enfermedad coronaria. Un aspecto es el formado por la hostilidad junto con la ira como componentes del patrón de conducta Tipo A (patrón de conducta relacionado con los trastornos coronarios); y el otro aspecto relacionado con la emoción de la ira, junto con un patrón de elevada reactividad cardiovascular a lo largo de la vida de la persona.

El patrón de conducta Tipo A es un constructo epidemiológico que surge de la observación de Friedman y Rosenman de la conducta de sus pacientes cardíacos durante los años cincuenta. Éstos formulan la siguiente definición del Tipo A:

“Es un complejo particular acción-emoción, que puede observarse en algunas personas comprometidas en la lucha relativamente crónica para lograr un número de cosas, usualmente ilimitadas, de su medio ambiente, en el menor tiempo posible, y si es necesario, contra los esfuerzos opuestos de otras personas o cosas de su mismo ambiente”.

Los resultados obtenidos en numerosos estudios llevan a la confirmación del patrón de conducta Tipo A como un factor de riesgo de trastornos coronarios.

Yuen y Kuiper llegan a la conclusión de que hostilidad, ira y agresión pueden ser vistos como los componentes cognitivos, afectivos y conductuales del patrón de conducta Tipo A, siendo el más patógeno la hostilidad.

Las personas con una actitud hostil pueden generar a su alrededor un medio ambiente con escaso apoyo social. Las personas hostiles inician un proceso de rechazo hacia ellos. Este tipo de pensamientos produce un modo de actuar desagradable por parte de las personas hostiles, que genera en los demás una serie de conductas antagonistas respecto a ellos. Esto puede desembocar en un ambiente interpersonal estresante para las personas hostiles, impidiendo que exista el apoyo social necesario para mitigar los efectos negativos de determinados comportamientos o emociones sobre el bienestar físico y psicológico del individuo. Otras veces son los propios sujetos hostiles los que de forma activa e intencional evitan la búsqueda de apoyo social, debido al desagrado que para ellos tienen las relaciones sociales.

La hostilidad también genera una ausencia de conductas saludables. Se han encontrado relaciones negativas entre la hostilidad y comportamientos relacionados con buenos hábitos para la salud. Dentro de las consecuencias directas en la salud por parte de la hostilidad está la hiperreactividad cardiovascular.

En definitiva, la hostilidad nos defiende del abuso y la amenaza que otras personas nos puedan hacer, tanto física como psicológicamente; y que está en la base de la defensa de nuestros derechos y que es, por lo tanto, la garante de nuestra libertad personal y social; pero que un uso inadecuado lleva efectos nocivos.

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