Conducta de ingesta

La regulación de las pautas alimenticias y de las cantidades de comida que ingieren las personas es llevada a cabo principalmente por el sistema neuroendocrino, y es en el cerebro donde se localizan los circuitos y mecanismos necesarios para que la conducta de ingesta se ajuste a las demandas energéticas del organismo de forma óptima, lo cual se logra mediante el control que estos circuitos ejercen sobre los diferentes procesos fisiológicos relacionados con el metabolismo energético que tienen lugar durante la ingestión de los alimentos y en los periodos de ayuno.

Pero no solo existen estos circuitos relacionados directamente con el control del inicio y cese de la ingesta, además, también se localizan en el cerebro otras redes neurales que colaboran para lograr este objetivo, haciendo que esta conducta resulte lo suficientemente motivante y atractiva como para comer alimentos con alto valor energético incluso cuando no es estrictamente necesario para la supervivencia. Este aspecto del funcionamiento cerebral en respuesta a la comida tiene como consecuencia que, en ocasiones, ese exceso de ingesta resulte perjudicial para la salud dando lugar a la aparición de la obesidad.

El alarmante incremento de personas obesas y con sobrepeso que se está produciendo, sobre todo en las sociedades más desarrolladas, ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud como un problema global de carácter epidémico, ante lo cual, en el año 2004 elaboró un documento en el que se detalla la estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud (OMS, 2000; 2004).

Los trastornos alimentarios causados por el desajuste de los procesos fisiológicos y/o de los circuitos cerebrales que controlan la conducta de ingesta serán tratados al final de este capítulo, ya que para conocer por qué una conducta está alterada (en el caso concreto de este comportamiento, esta alteración tiene como consecuencia problemas graves de salud), es necesario conocer primero cuál es el funcionamiento de ese circuito en condiciones normales para luego poder concluir qué elementos no funcionan correctamente y son los responsables de la aparición de algún trastorno del comportamiento. Por ese motivo en el primer epígrafe de este capítulo se describirán los mecanismos fisiológicos y neurohormonales que regulan la conducta de ingesta y, posteriormente, se abordará el estudio de los circuitos neurohormonales que controlan la alimentación.

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