Psicobiología de las emociones

1. Qué son las emociones y los sentimientos?

Etimológicamente, emoción viene del latín emotio que significa «impulso que conduce a la acción» mientras que sentir deriva de sentire que es «percibir por los sentidos», «darse cuenta», «pensar», «opinar». En estas dos acepciones se encuentran los componentes fundamentales de las emociones y sentimientos: los estados fisiológicos/corporales asociados, conocidos como emociones y las sensaciones subjetivas conscientes, denominadas sentimientos.

Esta diferenciación entre los componentes corporales y los componentes vivenciales permite discriminar entre emoción y sentimiento. De modo que se utiliza el término emoción para describir el estado corporal, y el término sentimiento para hacer referencia a la sensación y vivencia consciente y subjetiva que produce cada emoción en cada organismo. En otras palabras, una emoción sentida de forma consciente produce un sentimiento.

Las emociones y los sentimientos surgen como una respuesta a demandas externas o internas del organismo y movilizan al sujeto hacia la acción mediante una serie de cambios psicobiológicos; por ello, tienen un valor informativo sobre las demandas y/o necesidades del sujeto que las experimenta.

Clásicamente se han considerado tres componentes básicos de la emoción:

El componente fisiológico: constituido por las reacciones fisiológicas que se disparan en el organismo. Son involuntarias y tienen como finalidad preparar a los individuos para la acción (recuérdese el concepto de emoción como impulso para actuar) e informar de los estados emocionales propios a otros sujetos. Este componente tiene un alto valor adaptativo tanto para el individuo que tiene que enfrentarse a una determinada situación, como para la especie, en tanto en cuanto facilita la comunicación entre individuos.

El componente conductual: constituido por las acciones que tienen como fin la satisfacción de la necesidad que se manifiesta a través de la emoción. El componente conductual puede ser automático e involuntario, en forma de reacción frente a una situación determinada, o puede ser resultado de la reflexión.

Esta última conducta reflexiva es voluntaria y para que pueda producirse las sensaciones y las emociones tienen que pasar a la consciencia. El componente reflexivo también tiene un alto valor adaptativo, pues informa sobre lo que acontece en el interior de la persona y sobre lo que necesita física o psicológicamente. Para esto, la introspección es especialmente importante, ya que permite no reaccionar impulsivamente e integrar la acción en el marco referencial de los valores personales y adaptarla al contexto social y personal del momento.

Este proceso es el que ha llevado a algunos autores, entre ellos Damasio (2000), Denton (2009) y Bach (2015), a sugerir que las emociones han sido fundamentales en el desarrollo de la conciencia humana.

El componente vivencial: constituido por la experiencia subjetiva de la emoción (es decir, el sentimiento). Es involuntario y depende tanto de la historia filogenética de la especie como de la historia ontogenética del individuo. Este componente es fundamentalmente privado y puede ser tanto consciente como inconsciente.

También tiene un alto valor adaptativo, ya que en la medida en la que se presta atención a lo que se experimenta se posibilita que la persona tome conciencia de lo que realmente le ocurre. Esto puede resultar paradójico, pues normalmente se asume que todo el mundo se da cuenta de lo que siente, pero eso es así solo hasta cierto punto; si no se dedica un tiempo a pensar y reflexionar sobre lo que se siente no se puede llegar a comprender lo que ese sentimiento significa en la globalidad de la persona o en el ámbito más concreto en el que se produce. Probablemente, este componente vivencial, que implica un alto grado de autoconsciencia y procesamiento cognitivo, sea específicamente humano. Parece que solo cuando la emoción llega a la consciencia, es decir, cuando nos damos cuenta de la emoción que experimentamos —lo que implica la consciencia de la emoción en sus tres componentes— podemos hablar de sentimiento.

El análisis de estos componentes permite suponer que cada uno de ellos podría tener un soporte psicobiológico diferenciado. Para que pueda tener lugar el componente fisiológico es necesario que entre en funcionamiento el sistema subcortical que inicia las respuestas neuroendocrinas; y para los componentes conductual y vivencial es necesario el funcionamiento coordinado de estructuras subcorticales y corticales que posibilitan la acción, la cognición y la consciencia. Además, la cognición asociada, que permite la autorregulación consciente tanto de la emoción como de la conducta vinculada a ella, requerirá de estructuras corticales implicadas en la planificación y el autocontrol, es decir, de la corteza prefrontal.

Como se verá más adelante, las emociones pueden ser inducidas por estímulos inconscientes y el individuo puede responder sin que las sensaciones hayan pasado a la consciencia, motivo por el cual, el tercer componente, el vivencial, que permite la consciencia de los sentimientos, no se produce siempre.

2. La función adaptativa de las emociones y los sentimientos

El marco interpretativo que ofrece actualmente la teoría de la evolución aporta una forma de comprender la función de las emociones y de los sentimientos.

Dentro de este marco, y teniendo en cuenta que la emoción, gracias a los componentes fisiológicos y conductuales, puede dar lugar a una respuesta rápida y automática, es lógico que las emociones se hayan mantenido y desarrollado a lo largo de la historia filogenética, ya que proporcionan la capacidad de responder rápidamente a situaciones potencialmente peligrosas para la supervivencia del propio individuo y de la especie, ya sea porque constituyen una amenaza o porque permiten una mayor cohesión en la especie que también es básica para la supervivencia.

Pero, ¿qué función de supervivencia tiene el hecho de ser conscientes de lo que se siente, es decir, de tener sentimientos? En lo que acontece en el desarrollo ontogenético del sujeto pueden encontrarse algunas posibles respuestas. Un bebé hambriento siente, entre otras cosas, la imperiosa necesidad de eliminar el malestar producido por el hambre (recuérdese que las sensaciones y emociones comunican necesidades).

Este bebé no ha desarrollado aún el lenguaje necesario para comunicar su necesidad ni establecer la conexión entre su malestar y el hecho «de tener hambre». El bebé tiene dolor y/o incomodidad, pero no puede saber aún qué es lo que siente ni de dónde surge; sólo puede llorar desesperadamente. ¿Qué suele ocurrir entonces en circunstancias normales? Los padres o el cuidador principal del bebé interpretan cognitivamente su sensación de malestar traduciéndola a un sentimiento «estás enfadado porque te duele la tripita... o porque tienes hambre». Con estas frases va aprendiendo la conexión entre su sensación y la interpretación de la misma, o sea, el tercer componente reseñado en el apartado anterior. Después, los padres, o el cuidador principal del bebé, realizan los comportamientos necesarios para satisfacer de modo apropiado su necesidad, es decir, le preparan una comida adecuada a su contexto vital y situacional. Y así es como, poco a poco, el bebé, que en principio solo puede llorar para comunicarse, va aprendiendo vicariamente a manejar los componentes tanto conductuales como vivenciales de sus emociones y sentimientos.

Aunque existen reacciones adaptativas inconscientes y automáticas, también la consciencia de los sentimientos posibilita emprender las acciones necesarias y adecuadas para poder satisfacerlos de forma apropiada, sobre todo en las situaciones en las que una acción automática no es adaptativa en el contexto social e interpersonal.

En el ejemplo anterior puede entenderse fácilmente algo que puede extrapolarse a muchas sensaciones. Es decir, que las emociones tienen una función comunicadora y, por lo tanto, fundamental para la supervivencia de la especie. Esta función comunicadora no sólo tiene lugar en esta época en la que funciona a modo de «protolenguaje» sino que se mantiene a lo largo de toda la vida. Esta afirmación puede constatarse al reflexionar sobre el modo en el que cada persona se siente influida por la emoción de sus semejantes y el modo en el que los gestos y la postura corporal comunican sensaciones y sentimientos propios y ajenos. Aunque todo este proceso requiere entrenamiento y aprendizaje, parece que, si bien las emociones surgieron de forma espontánea, y como se verá más adelante, son universales, el acceso al significado emocional de las sensaciones requiere un aprendizaje específico.

No obstante, las emociones, los sentimientos y los comportamientos subsiguientes pueden ser, en mayor o menor grado, desadaptativos e inadecuados a las situaciones en las que se activan, lo que puede producir un desajuste emocional y/o patologías de diferente intensidad y/o gravedad, dependiendo del grado de desadaptación e inadecuación de los mismos. Las patologías a las que pueden dar lugar los desajustes emocionales pueden deberse, también, a la falta de conexión de la persona con sus propias emociones y sentimientos, a la interpretación desajustada que se dé a los mismos (esta interpretación está influida por la historia individual que puede ser adecuada o traumática), al manejo inadecuado de la capacidad de autorregulación emocional y/o a la intolerancia a la frustración propia que produce la vida diaria. La baja regulación, la evitación crónica o incluso el control excesivo pueden dar lugar a situaciones de gran sufrimiento humano. Además, todo este proceso puede verse gravemente alterado por problemas neurológicos que interfieran en el funcionamiento normal del sujeto, dando lugar a los denominados trastornos afectivos. Este tema será objeto de estudio en otras asignaturas del Grado en Psicología.

3. Clasificación de las emociones. ¿Las emociones son específicas y universales?

Ha habido diversas clasificaciones y descripciones de las emociones. Darwin, en su libro La expresión de las emociones (1872) describe detalladamente cada uno de los movimientos faciales y corporales que acompañan a cada emoción, esto le llevó a postular que la exPsicobiología de las emociones presión de las emociones es innata y universal. Ekman, en esta misma línea planteada inicialmente por Darwin, estudió las llamadas emociones básicas o primarias, refiriéndose con este término a las emociones que no son la suma o combinación de varias emociones. Ekman también llegó a la conclusión de que la expresión y el reconocimiento de estas emociones primarias es innato y universal, es decir, no dependiente de la cultura (ver para revisión, Ekman, 2007).

Ekman, que ha dedicado más de 30 años al estudio de la expresión facial de las emociones, planteó en un primer momento que existían seis emociones básicas y universales. Como ya se ha señalado en el párrafo anterior, con el término universales se refiere a que todos los individuos de los diferentes grupos culturales son capaces de reconocer estas emociones en miembros tanto de su cultura como en los individuos de otras culturas. En el apartado 4 se expondrán con más detalle los planteamientos de este autor.

Recientemente, Jack y cols. (2014), al estudiar los movimientos de los diferentes músculos que configuran las expresiones faciales, y centrándose en la dinámica temporal de la configuración de la expresión, observaron que algunas expresiones faciales comparten al inicio de su estructuración ciertos movimientos musculares básicos a los que denominan unidades de acción.

Observaron que al inicio de la configuración de las expresiones faciales de la felicidad y de la tristeza se abren los ojos completamente. Y que también en el asco y en la ira, la nariz se arruga del mismo modo en el inicio de su expresión. Estas unidades de acción comunes les llevaron a unificar a las emociones que las comparten, por lo que proponen que las emociones básicas son cuatro en vez de seis. No obstante, cabe preguntarse si estas coincidencias en el inicio de la formación de la expresión facial son suficientes para igualar estas emociones tanto desde el punto vista comunicativo como vivencial, por lo que la polémica sobre si las emociones básicas son seis o cuatro se mantiene aún sin resolver.

Los datos experimentales actuales apuntan a la idea de que la activación emocional no es ni totalmente específica ni totalmente inespecífica, por un lado, sugieren que no todas las emociones correlacionan con un mismo patrón de actividad del sistema neurovegetativo y, por otro, aún se continúa estudiando si es posible determinar el patrón específico de respuesta de cada emoción. No obstante, gracias a las técnicas de neuroimagen, sí han podido establecerse correlaciones entre diferentes experiencias emocionales y la activación de áreas cerebrales específicas.

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