Lenguaje humano y homonización

1. Definición y componentes del lenguaje

Lo primero que llama la atención cuando se aborda el estudio del lenguaje es que existan diferentes definiciones del mismo. Es comúnmente aceptado que el lenguaje es el medio de comunicación humana más importante, ya que posibilita la emisión y la compresión de ideas, sentimientos y pensamientos. Según Kolb y Wishaw (2006), hay que diferenciar entre lenguaje, que sería todo aquel sistema que se utiliza para expresar ideas ya sea mediante sonidos o signos, la lengua, que es el sistema de signos y reglas que emplea un grupo de personas para comunicarse y el habla que es la forma audible del lenguaje comunicativo, aunque también se refiere al uso particular que se hace del lenguaje.

El lenguaje es un sistema jerárquico en el que los componentes más pequeños del lenguaje hablado son los fonemas (/n/, /i/, /ñ/, /a/), que son unidades individuales de sonido que se agrupan en un orden concreto para producir palabras. En el caso del lenguaje escrito, los fonemas tienen correspondencia con los grafemas, es decir con las letras. Para formar las palabras, los fonemas se agrupan en los morfemas y lexemas, que son unidades con sentido más pequeñas que las palabras y que al combinarse producen palabras (lexemaniñ; morfema-a; palabra: niña). Además de estos componentes estructurales, el lenguaje presenta cinco dimensiones:

  1. Fonológica: se ocuparía de la comprensión y de la producción de los sonidos del habla. En esta dimensión del lenguaje se incluiría la prosodia, que es la entonación vocal que es característica de un idioma y que puede modificar el sentido literal de palabras y oraciones.
  2. Semántica: que se refiere a la comprensión del significado de las palabras y de las combinaciones entre ellas.
  3. Gramatical: que se ocuparía de la sintaxis, es decir de las reglas por las que se colocan las palabras en las frases, y de la morfología, es decir el uso de las marcas gramaticales que indican tiempo, género, etc.
  4. Pragmática: o los principios que rigen el uso del lenguaje en un contexto comunicativo apropiado.
  5. A ellas habría que añadir el lexicón, que es un componente de la memoria en el que se almacenan los significados de las palabras.

El lenguaje puede ser oral o escrito y tal como se verá más adelante, existen diferencias en el procesamiento de la información e incluso en la organización cerebral dependiendo de la modalidad. El lenguaje oral constituye el principal medio de comunicación humana y, dentro del estudio del lenguaje, ha sido a este aspecto al que se le ha dedicado más investigación.

2. Cuándo y cómo aparece el lenguaje

Cuándo, cómo y porqué surge el lenguaje, siguen siendo preguntas que no tienen una respuesta fácil.

Pudo haber evolucionado como una característica más, porque suponía una adaptación beneficiosa para la supervivencia del individuo y en definitiva de la especie, o pudo haber sido un efecto colateral de la evolución de algún otro rasgo como por ejemplo del tamaño del cerebro o de la inteligencia general (Hauser et al., 2002).

La investigación sobre la aparición del lenguaje hablado se ha basado en datos proporcionados por la paleontología. Según los datos aportados por los estudios realizados en el registro fósil a partir de estudio de los endocastos, que son moldes que se sacan del interior de la cavidad craneal de los fósiles, ya el primer representante del género Homo, el Homo habilis, que vivió hace unos 2 millones de años aproximadamente, tendría un centro de Broca, una de las áreas clave del lenguaje, como se verá posteriormente y que serviría en estos homínidos para interpretar gestos, por lo que se supone que este homínido se comunicaba a base de gestos (Wilkins y Wakenfield, 1995). Pero esto no parece haber sido suficiente para que se produjera la aparición del lenguaje tal y como es hoy en día. El siguiente representante del género Homo, el Homo erectus, tenía un mayor volumen craneal que su antecesor, por lo que algunos investigadores como Bickerton (2007) piensan Comunicación humana que de la evolución del Homo erectus, que entre otros aspectos supuso un aumento de la capacidad craneal, habría surgido un protolenguaje, del que posteriormente habría evolucionado el lenguaje.

Existen dos condiciones que deben darse para que el lenguaje se desarrolle, la aparición del pensamiento simbólico y el desarrollo de un aparato fonador lo suficientemente sofisticado como para poder producir los sonidos del lenguaje. Estas dos características aparecen ya en el Homo heidelbergensis que vivió hace 600.000 años aproximadamente y cuyos fósiles se han encontrado en el yacimiento arqueológico de la sierra de Atapuerca, en Burgos. Este homínido ya tenía un volumen craneal grande, que permitió la aparición del pensamiento simbólico, como se pone de manifiesto en los enterramientos funerarios encontrados y en las herramientas descubiertas en ellos. Además, en esta especie, se producen unos cambios en el aparato fonador que son imprescindibles para la producción de los sonidos articulados del habla como son la modificación del hueso hioides y el descenso de la laringe (Martinez y cols., 2004).

El hioides es un hueso pequeño con forma de herradura que está colocado en el cuello y que en las personas posibilita una articulación comprensible. El hueso hioides está presente también en algunos animales, como los grandes simios, y les posibilita realizar una gran gama de sonidos que utilizan como mensajes, por ejemplo de alerta en caso de peligro. Además, es necesario que la laringe cambie de posición y descienda para poder producir lenguaje. Una laringe más baja hace posible la aparición de los sonidos propios del habla, algo que no sucede en los chimpancés, que tienen la laringe más alta. Sin embargo, esta nueva posición de la laringe hace que sea más peligroso alimentarse porque hay mayor facilidad para atragantarse con la comida, lo que aumenta el riesgo de morir por asfixia debido a un atragantamiento. Y si con la laringe más baja aumenta el riesgo de morir por asfixia, entonces la aparición del lenguaje hubo de proporcionar una ventaja evolutiva grande al género Homo, ya que se hace a costa de una mayor probabilidad de muerte por asfixia. Estos cambios anatómicos en el aparato fonador, a la vez que la aparición de un cerebro de mayor tamaño y complejidad, posibilitaron la aparición y desarrollo del lenguaje en los Homo sapiens hace 200.000 años, que anatómicamente ya era muy parecido al hombre moderno. Los grandes avances tecnológicos que se producen desde la aparición del Homo sapiens se piensa que están provocados en gran parte por el desarrollo del lenguaje (Hauser y cols., 2014).

Pero, ¿cómo surge el lenguaje? ¿Desde dónde evoluciona a su forma actual? Como ya se ha indicado anteriormente, una teoría postula que el lenguaje surge a partir de los gestos. El Homo habilis tenía un centro de Broca que utilizaría para interpretar gestos y este hallazgo ha dado lugar a la primera teoría que postula que el lenguaje gestual, los signos, estaría en la base del lenguaje oral, puesto que los primeros homínidos ya contaban con una estructura cerebral para entenderlo (Corba llis, 2003). Además, los grandes simios presentan cerebros especializados con características muy parecidas a las de los humanos, como por ejemplo asimetría entre los dos hemisferios cerebrales en áreas clave para el lenguaje como el área de Brodmann 44 (AB 44), que es mayor en el hemisferio izquierdo, lo que hace que estos simios tengan un repertorio gestual amplio que pudo evolucionar hasta el lenguaje en el caso de los humanos. A medida que fuera evolucionando este lenguaje gestual se irían incorporando vocalizaciones hasta llegar al lenguaje definitivo (Corballis, 2014).

Otros investigadores proponen que el lenguaje se ha desarrollado paso a paso a partir de otras formas primitivas de comunicación, de un protolenguaje (para ampliar información Bickerton, 2007), en las que los movimientos de la mandíbula para acciones como mascar y succionar y los chasquidos de los labios podrían haber sido los primeros signos de la comunicación que podría haber dado origen a la sílaba y pudo haber precedido al lenguaje gramatical (Pinker, 2012).

Aunque no se sepa con seguridad de dónde surge o cómo evoluciona, el lenguaje humano primitivo servía para intercambiar información o para fomentar la cooperación entre los individuos en aspectos que eran importantes para la supervivencia, como por ejemplo la caza (algunos de estos propósitos son también aplicables en el caso de las aves). Así el lenguaje podría haber evolucionado hasta su forma actual mediante la selección natural, porque representaba una adaptación beneficiosa que favorecía la supervivencia, especialmente cuando los individuos forman grupos grandes para convivir, puesto que una comunicación más rica les confería una ventaja evolutiva sobre aquellas otras especies que también estaban agrupadas para sobrevivir (Bickerton, 2007).

Tal y como explica Pinker (2010), el producto final del aprendizaje de las habilidades que posibilitan la supervivencia se almacena en el cerebro y el lenguaje es el medio a través del cual se puede transmitir esta información de un cerebro a otro sin tener que pasar por todas las experiencias uno mismo, ya que se pueden aprovechar las experiencias de los otros. En este sentido la habilidad de compartir los conocimientos y la aplicación de la «tecnología» a través del lenguaje podría haber sido el principal elemento en la evolución de la cooperación entre los homínidos que, teniendo una combinación de precondiciones (ser bípedos, vivir en grupo, tener alimentación omnívora), se incrementaría en complejidad en aquellas especies que usaban herramientas y tenían además adaptaciones al lenguaje, dando lugar al moderno Homo sapiens.

3. ¿Existe un gen del lenguaje?

En las personas, el lenguaje se despliega sin aparente esfuerzo en los tres primeros años de vida, de tal forma que a los 2 años y medio aproximadamente un niño puede hacer frases completas y utilizar 500 palabras (Harvey, 2014). Sin embargo, la habilidad para diferenciar los sonidos del lenguaje oral cambia en el primer año de vida. Entre los 6 y los 12 meses, el niño puede discriminar todos los sonidos de distintas lenguas pero, en este periodo, se produce un incremento en la discriminación de los sonidos del habla materna y un deterioro en la percepción de los sonidos de lenguas extranjeras. Este patrón es universal, ya que no depende de la lengua materna y además se corresponde con el periodo crítico de desarrollo del lenguaje (Khul, 2011), aunque esto no significa que después de los tres años no se puedan aprender nuevas palabras, ya que lo largo de la vida se pueden aprender nuevas palabras e incluso nuevas lenguas.

La facilidad en el desarrollo del lenguaje hablado ha sido la base para suponer que es un rasgo innato de la especie humana que tendría que estar codificado en los genes, por lo que se ha intentado identificar al gen o los genes que posibilitan el desarrollo del lenguaje. En la actualidad, gran parte del conocimiento sobre las bases genéticas del lenguaje proviene de los estudios realizados en los pacientes que presentan un Trastorno Específico del Lenguaje (TEL). Bajo este término se agrupa un rango heterogéneo de desórdenes que implican el retraso o la imposibilidad del desarrollo de las habilidades tanto de lenguaje hablado como del escrito, que con frecuencia van asociados a otros trastornos tales como la dislexia, los trastornos del espectro autista y los trastornos de atención e hiperactividad (van der Lely y Pinker, 2014).

En general, las personas afectadas con el TEL presentan diferentes grados de deterioro en las funciones gramaticales, morfológicas e incluso fonológicas. El estudio de los genes que participan en el TEL ha constituido la base de la investigación para tratar de determinar las bases genéticas del lenguaje debido a la cual se han identificado cuatro genes, dos en el cromosoma 7 y dos en el cromosoma 16, que están implicados en algún aspecto del lenguaje oral. El primero de los genes fue identificado en una familia inglesa que se denominó familia KE en la que se producía un tipo de TEL. En esta familia, en la que prácticamente la mitad de los miembros están afectados en 4 generaciones, las personas afectadas presentaban dispraxia verbal o dificultades en la articulación que tienen como consecuencia una incapacidad para realizar los movimientos musculares coordinados que se necesitan para el habla. Además, presentaban problemas gramaticales como por ejemplo dificultad con la regla de formación de plurales o con el uso adecuado de pronombres.

En 2001, Lai y col. identificaron una mutación del gen Forkheas Box P2 (FOXP2), que está presente en el brazo largo del cromosoma 7 en los afectados de TEL de la familia KE. El gen FOXP2 codifica un factor de transcripción que regula la traducción de otros segmentos del ADN en sus productos génicos, de tal forma que controla la activación o inactivación de otros genes y está implicado en la coordinación de la información sensorial y motora y en la realización de movimientos complejos. Este gen es de expresión temprana en el embrión, en la corteza cerebral y en otras regiones que posteriormente conformarán el cerebelo, el tálamo y los ganglios basales. De hecho, en los escáneres cerebrales realizados a las personas de la familia KE afectadas por la mutación de este gen, se vieron anomalías estructurales cerebrales, tales como una menor densidad de materia gris en el núcleo caudado, el cerebelo, el giro frontal inferior y en el área de Broca. Además, en las mismas personas se daban también anomalías funcionales en lo que respecta a la lateralización del lenguaje, puesto que estas personas no muestran activación de las áreas que participan en el lenguaje hablado, como el área de Broca y, a la vez, muestran sobreactivación de otras áreas que no están implicadas en tareas lingüísticas.

Este gen está presente también en los animales y se ha demostrado que está altamente conservado, es decir, que el gen es muy similar en varias especies incluyendo las aves. La estructura actual del gen FOXP2 en los humanos surgió hace 100.000 años, periodo en el que como ya se ha explicado aparece el hombre moderno. Corballis (2009) establece un vínculo entre la mutación del gen FOXP2 y el desarrollo de la cultura humana. Según su teoría, la expansión del Homo sapiens se debe en parte a la mutación del gen FOXP2, que hizo que el lenguaje se hiciera completamente autónomo de los gestos, es decir que se liberaran las manos para hacer una comunicación más eficiente, acompañada de un desarrollo del área de Broca y de una capacidad mayor para coordinar movimientos complejos. Aunque no se puede afirmar que el gen FOXP2 sea «el gen responsable del lenguaje», si que tiene una influencia en el mismo ya que es suficiente la mutación de una de sus copias para provocar diferentes trastornos en el lenguaje. Además su posición como regulador de otros genes, que también intervienen en el lenguaje, como se verá a continuación, hace que sea imprescindible para la producción y comprensión del lenguaje.

El otro gen relacionado con el lenguaje que está en el cromosoma 7, en el brazo corto, es el CNTNAP2 (del inglés Contactin-associated protein-like 2). Se expresa fundamentalmente en la corteza frontal y ha sido asociado a formas complejas de TEL. Este gen, que está directamente regulado por el gen FOXP2, es el responsable de la localización de los canales de potasio en las neuronas en desarrollo y tiene un papel relevante en la facilitación de las interacciones entre las neuronas y la glía durante este periodo. Las personas que presentan una mutación en este gen, sin que se den otras condiciones médicas, no pueden realizar la tarea de repetición de pseudopalabras, que son secuencias de letras que parecen palabras pero que no tienen significado (como por ejemplo PECRO , LIDRO , DOMBERO). Esta tarea consiste en la repetición de listas de pseudopalabras, que se realiza en ensayos sucesivos en los que se van incrementando la longitud y complejidad de las mismas. Para realizar la tarea de repetición de pseudopalabras se requiere la utilización de la memoria a corto plazo fonológica, por lo que se considera una buena medida de este tipo de memoria, que se piensa que está también afectada en las personas que presentan estas formas complejas de TEL (Aguado y cols., 2006). En la actualidad, este gen se ha asociado a distintos trastornos del neurodesarrollo incluido el síndrome de Tourette, la esquizofrenia y los trastornos del espectro autista, por lo que parece que el gen CNTNAP2 tiene una función principal en el desarrollo del sistema nervioso y que sus alteraciones dan como resultado diferentes neuropatologías, en las que el lenguaje también está afectado (Alarcon y cols., 2008).

Por último, los genes ATP2C2 (del inglés calciumtransporting ATPase 2C2) y el CMIP (del inglés c-MAF inducing protein), situados ambos en el brazo largo del cromosoma 16, también parecen estar implicados en algún aspecto del lenguaje. El gen CMIP participa en la remodelación del citoesqueleto de las células, que es imprescindible para la migración neuronal y la formación de sinapsis. La actividad del gen ATP2C2 está implicada en la regulación del ion de calcio. Las personas con alguna mutación en estos genes también muestran dificultades en la tarea de repetición de pseudopalabras, por lo que al igual que el gen anterior parecen estar implicados en las tareas de memoria más que en el lenguaje en sí mismo.

El estudio de los genes que están en la base del lenguaje es muy complejo debido en parte a que los genes que participan en alguna de las funciones del lenguaje están involucrados en muchos otros procesos. Sin embargo, los genes que están relacionados con el TEL tienen algunas características comunes:

  • Son genes de expresión temprana.
  • Se expresan en las mismas zonas del cerebro.
  • Están involucrados en tareas cruciales para el correcto desarrollo del sistema nervioso.

Por lo expuesto anteriormente, no se puede decir de forma inequívoca que los genes aquí descritos son los genes responsables del lenguaje oral, aunque sí se puede afirmar que tienen una función importante en el mismo.

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