4.1. Evaluación de la dificultad de hablar en público

Los procedimientos más útiles de evaluación de las dificultades de hablar en público son: entrevista, cuestionarios, autorregistros, y la observación.

1.1 Entrevista

Es uno de los procedimientos fundamentales, aunque su empleo puede no ser necesario cuando se utilizan programas estándar encaminados a abordar las dificultades para hablar en público (DHP).

Debe obtenerse información sobre los siguientes aspectos:

  • Conductas problemáticas a diferentes niveles:
    • a) Cognitivo expectativas de ridículo.
    • b) Motor bloqueos;
    • c) Autonómico palpitaciones.
    • Incluyendo de cada nivel intensidad, frecuencia y/o duración.
  • Condiciones que agravan o reducen las DHP (número y estatus del auditorio).
  • Antecedentes y consecuentes de las conductas problemáticas (externos e internos).
  • Variables organísmicas o características personales que pueden influir sobre las conductas problema (ansiedad social).
  • Interferencia de las DHP en la vida social, académica y/o laboral.
  • Historia del problema: intentos realizados para superar las DHP y resultados logrados.
  • Motivación, expectativas y objetivos del cliente.
  • Recursos y limitaciones del mismo.

1.2 Cuestionarios

Pueden distinguirse dos tipos de cuestionarios:

  1. Cuestionarios que proporcionan información retrospectiva sobre el miedo a hablar en público (MHP):
    • Informe Personal de Confianza como Orador (Paul, 1966): Es el más empleado. Mide MPH a través de 30 ítems valorados en una escala verdadero/falso referidos a la charla más reciente.
    • Inventario de Rasgo de Miedo a Hablar en Público (Lamb, 1972): Mide el MPH que una persona siente en general. Consta de 28 ítems valorados en una dimensión de frecuencia de 1 a 4.
    • Informe Personal de Aprensión a la Comunicación (Mccroskey, 1982): Mide la aprensión a la comunicación en diferentes contextos (discusiones en grupo, reuniones o clases, interacciones diádicas y hablar en público).
  2. Cuestionarios que evalúan distintos aspectos del miedo a hablar en público que el paciente experimenta justo antes, durante y/o después de hablar en público. Son los siguientes:
    • Inventario de Estado de Miedo a Hablar en Público (Lamb, 1972): Miedo experimentado al dar una charla en particular. Consta de 23 ítems calificados de 1 a 4 en una dimensión de intensidad.
    • Termómetro de Miedo: Escala de 0 (ausencia de miedo a 10 (miedo extremo). Se emplea para valorar la ansiedad sentida antes de la exposición en público y durante ésta.
    • Calificación por parte del cliente, en una escala de 0 a 10, de su actuación durante la intervención en público.
    • Cuestionario de Autoverbalizaciones de Interacciones Sociales (Glass, Merluzzi, Biever y Larsen, 1982): consta de 30 ítems en los que hay que valorar, en una escala de 1 a 5 la frecuencia con que se han tenido diferentes pensamientos positivos y negativos antes y durante la intervención en público. La subescala de pensamientos negativos es un predictor más fiable de la ansiedad y conducta social.

Es conveniente complementar los dos tipos de cuestionarios anteriores con otros que evalúen:

  • El miedo a la evaluación negativa. Para evaluarla se puede utilizar:
    • Escala de Miedo a la Evaluación Negativa: Consta de 30 ítems, con formato de respuesta verdadero/falso y pretende medir el componente cognitivo de la ansiedad social.
  • La ansiedad social en general. Para evaluarla se pueden utilizar dos escalas complementarias:
    • Escala de Fobia Social (Mattick y Clarke, 1998): Consta de 20 ítems, valorados en una escala de 0 a 4 que intentan evaluar el miedo a ser observado otros al realizar determinadas actividades (hablar, escribir, firmas, comer, trabajar, en público, etc).
    • Escala de Ansiedad ante la Interacción Social (Mattick y Clarke, 1998): Compuesto por 19 ítems, valorados de 0 a 4, que intentan evaluar la ansiedad experimentada al interactuar con otras personas, lo cual supone ajustar el propio comportamiento al de los demás.

1.3 Autorregistros

Son especialmente útiles tanto para recoger datos como para orientar la marcha del tratamiento.

Se puede pedir que el cliente anote fecha, descripción de la situación, tipo de intervención, duración de éste, nivel de ansiedad antes y durante, pensamientos tenidos, reacciones somáticas experimentadas y severidad global de éstas calificación de la actuación, reacciones de los demás y lo que le hubiera gustado hacer o hubiera podido mejorar.

En un autorregistro empleado en el pretratamiento, postratamiento y durante el seguimiento; podrían seleccionarse de 3 a 5 situaciones individualizadas para cada cliente y graduadas en dificultad. Sería útil que en alguna de estas situaciones estuviera presente algún conocido del cliente para que pudiera registrar aquella parte de la información mencionada que es accesible a la observación externa. Otra posibilidad sería la grabación en minimagnetófono por parte del propio cliente.

1.4 Observación

Es conveniente que el cliente intente dar una charla, de unos 5 – 10 minutos, sobre un tema previamente asignado y preparado con tiempo suficiente, ante un grupo de, al menos, 2-3 personas y que responda a un par de preguntas de éstas. Ésta charla, puede ser llevada a cabo en la propia consulta, puede ser grabada en vídeo, para que posteriormente pueda ser analizada, si no es grabada en vídeo se podrían emplear personas presentes durante la charla con el fin de efectuar un análisis reducido.

De las medidas observacionales que pueden obtenerse a partir de las charlas, unas son objetivas y otras implican la calificación mediante escalas tipo Likert.

Las medidas observacionales objetivas, suponen la utilización de observadores entrenados, por lo que pueden resultar inviables en la práctica clínica. Las medidas más empleadas son las siguientes:

  • Lista de verificación Conductual para la Ansiedad de Ejecución (Paul, 1966): Registra la presencia o ausencia de 20 supuestos síntomas de ansiedad durante intervalos sucesivos de 30segundos. (Síntomas: caminar de un lado a otro, balancearse, temblor de rodillas, brazos rígidos, ausencia de contacto visual, sonrojamiento, temblor de voz, bloqueos de la charla, movimientos extraños de brazo y mano, cara sin expresión, aclararse la garganta. Etc.)
  • Duración de la charla.
  • Porcentaje del tiempo de la charla que el cliente permanece en silencio.

Las Medidas observacionales de calificación: Se pueden obtener de dos formas:

  1. Jueces entrenados ⇒ Las medidas se obtienen a partir de jueces que pueden estar entrenados al respecto.
  2. Jueces no entrenados ⇒ Si se desean calificaciones con mayor validez social se utilizan jueces no entrenados.

Las medidas más empleadas valoran distintos aspectos:

  • Aspectos verbales (claridad de ideas, interés y organización del contenido).
  • Aspectos vocales (volumen, entonación, fluidez).
  • Aspectos no verbales (mirada y gestos).
  • Actuación y ansiedad manifiesta.

Una Escala de Evaluación de Charlas (Apéndice 1 Pág. 209) Puesto que es difícil que un solo calificador conteste todos los ítems de la escala, pueden repartirse los distintos aspectos entre diversos calificadores o bien seleccionar sólo aquellos aspectos problemáticos para un cliente determinado.

Las medidas observacionales de actuación obtenidas a partir de la charla mencionada no permiten saber si una ejecución deteriorada es debida a ansiedad, a déficit de habilidades o a ambas cosas. Una forma de evaluar lo que una persona es capaz de hacer (no lo que una persona hace en una situación de hablar en público) consistiría en emplear una situación que suscitara poca o ninguna ansiedad. Para lo cual la charla debería ser breve, el auditorio mínimo y el tema e incluso el público serían elegidos por el sujeto.

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