2.3. Errores y sesgos en el razonamiento

Cuando hablamos de errores y sesgos en el razonamiento asumimos de alguna forma el criterio normativo del buen razonador. En el razonamiento deductivo lo habitual es comparar el rendimiento humano con la teoría de la lógica formal. La validez garantiza que no exista un estado posible de acontecimientos en los que siendo verdaderas las premisas la conclusión sea falsa. En el razonamiento inductivo, el modelo normativo habitual es el Teorema de Bayes que permite obtener la probabilidad de una conclusión ante el conjunto de posibles conclusiones alternativas. Sin embargo el razonamiento se desvía de forma sistemática de estas predicciones.

Los errores de razonamiento se clasifican en formales e informales:

  1. Errores formales son aquellos que violan alguna de las reglas de inferencia. (En el condicional se infiere equivocadamente el antecedente por la falacia de la afirmación del consecuente).
  2. Errores informales no dependen del argumento, sino del contenido. Los errores son debidos al uso o interpretación inadecuada del contenido del argumento ( se rechaza un argumento formalmente válido por no estar de acuerdo con el contenido de la conclusión)

Los sesgos o falacias de razonamiento se refieren a unas tendencias que son sistemáticas en el proceso de razonamiento. Estos hacen que los sujetos comentan errores al considerar factores que son irrelevantes para inferir. Según Evans 1989, los sesgos de razonamiento se pueden clasificar en:

  1. sesgo en la selección de la información,
  2. sesgo de confirmación y
  3. sesgos de contenido y contexto.

Estos se encuentran a menudo estrechamente relacionados, resultando difícil su identificación.

Ello se pone de manifiesto:

  • cuando admitimos que el sistema de procesamiento se ve obligado a seleccionar la información y en este proceso pueden existir determinados sesgos, y
  • cuando sobre esta información sesgada puede influir el contenido y el contexto del problema de razonamiento y la tendencia hacia la confirmación de la información presentada o de nuestras propias expectativas.

Por factores externos entendemos aquellos aspectos de la información que son irrelevantes para el razonamiento y que se encuentran vinculados con el impacto que ejerce la propia presentación de esta información.

Por factores internos se refiere a las propias restricciones o limitaciones estructurales del sistema, a la tendencia que muestra el sistema a tener en cuenta su conocimiento particular o su sistema de creencias en gral, y a la tendencia hacia la confirmación, interactuando con el propio conocimiento y el sistema de creencias.

3.1. Factores externos

Si los humanos somos análogos (imaginando, claro) a un sistema de procesamiento de la información tenemos determinadas limitaciones cognitivas, tales como capacidad de memoria y recursos de procesamiento limitado (vamos lento o rápido). Enfrentados a una situación concreta se encuentra con una gran cantidad de información que no tiene capacidad para procesarla en su totalidad. Nos vemos obligados a seleccionar aquello que sea relevante para resolver la situación. El sistema humano alcanza unos niveles de eficacia muy buenos si lo comparamos con una máquina de procesamiento pues ésta tiene capacidad mucho mayor. Sin embargo la selección también nos puede conducir a errores y si éstos son sistemáticos serán sesgos.

Cuando se dice que una información es saliente se está haciendo referencia a determinados aspectos que sobresalen sobre los demás creando impacto sobre el sujeto (aunque no sean importantes). Por ejemplo, los anuncios publicitarios captan la atención de los consumidores haciendo uso de lo prominente de la información cuando se presentan por medio de un modelo publicitario o autoridad reconocida, pero que nada tiene que ver con las características del producto.

También es habitual recurrir a los números o a la tradición para presentar el producto o una postura. El mero hecho de que la mayoría consuma o asuma una postura, porque tradicionalmente se ha consumido, influye sobre los sujetos, sin que éstos consideren la validez o fuerza de los argumentos. Este impacto ejercido por la información irrelevante para el proceso de razonamiento puede estar determinado por el interés emocional que tiene, por la concreción de los datos, por el carácter vívido de la información, por la proximidad temporal y espacial entre los aspectos irrelevantes de la información y el argumento o por su familiaridad.

También nos encontramos influidos por la fuente de la que provenga la información. El error de razonamiento conocido como “argumentum ad hominem” (argumentación contra el hombre) pone de manifiesto la importancia que se concede a la fuente de información independientemente de lo que sostenga. Se acepta o rechaza determinada información en función de los méritos que otorgamos a la fuente (Líderes carismáticos que ejercen influencia haciendo adeptos). Se simpatiza con la persona o institución que la sostiene.

Es frecuente recurrir a una autoridad en la materia para defender una postura sin más evidencia que la persona en cuestión o acreditar o desacreditar la información de una fuente por la simple asociación con otra – en algunas ocasiones sin evidencia objetiva suficiente puede ser apropiado confiar en esa fuente -. Sin embargo un argumento defendido por una fuente de información con una credibilidad baja no hace que el argumento sea inválido y tampoco a la inversa.

Existen errores sistemáticos debido a la propia estructura sintáctica del problema. Por ejemplo, en los problemas de silogismos categóricos se ha encontrado el efecto atmósfera y el sesgo de la figura del silogismo. El efecto atmósfera manifiesta que la cantidad – universal o particular - o la polaridad – afirmativa o negativa- de las premisas influyen sobre las condiciones que dan los sujetos. En relación con el efecto de la figura se ha encontrado que el grado de dificultad y el tipo de conclusión dependen de la posición del término medio en cada una de las premisas.

En el sesgo de emparejamiento se observa que las respuestas de los sujetos coinciden con los enunciados del problema de la tarea de selección de Wason. Se presentan 4 tarjetas que contienen el antecedente del condicional por una cara y el consecuente por la otra. La presentación de la tarea va acompañada de un enunciado condicional en forma de regla y se pi-de a los sujetos que giren la tarjeta o tarjetas necesarias para confirmar o falsar esa regla. Por ejemplo, “si hay un cuadrado azul a la izquierda, entonces hay un círculo rojo a la derecha” y se pide a los sujetos que comprueben si el condicional es verdadero o falso. La mayoría eligen las tarjetas que exhiben los dos términos del enunciado: cuadrado azul y círculo rojo.

Wason interpretó estos resultados como un sesgo hacia la confirmación de aquello que venía expresado por la regla. Evans y Lynch – 1973, sostienen que este sesgo está basado en el emparejamiento y cuestionan que ésta sea una tendencia hacia la confirmación basándose en sus resultados con la negación de los términos. El mismo problema con términos negativos sería “Si hay un cuadrado azul a la izquierda, entonces no hay un círculo rojo a la derecha” - negación del consecuente – o “Si no hay un cuadrado azul a la izquierda, entonces hay un círculo rojo a la derecha” - negación del antecedente. En este caso se observa que los sujetos eligen los términos mencionados en la regla y no persiguen la confirmación de la misma. En el caso de la negación del consecuente, la elección de los sujetos coincide con la falsación, y en el caso de la negación del antecedente siguen eligiendo los mismo términos mencionados pero su elección no coincide con las reglas de la lógica. Este sesgo de emparejamiento pone de manifiesto la relevancia que adquieren los términos expresados en el condicional y las dificultades que tienen los sujetos con la negación lógica y lingüística, mostrando preferencia hacia el procesamiento de información positiva.

3.2. Factores internos

Tenemos que considerar primeramente la restricción estructural del propio sistema de procesamiento de la información. Existe la limitación asociada con la cantidad de información con la que puede trabajar el sistema. Cuando esta información es abundante, el sistema se sobrecarga y la posibilidad de error es mayor.

La selección adecuada de la información dependerá de que ésta se encuentre disponible. La disponibilidad hace referencia a la facilidad con la que se recupera determinada información. Esta disponibilidad o accesibilidad de la información fue descrita por Tversky y Kahneman, 1973 para los juicios en los que se pide la estimación de frecuencias. En el proceso de organización y recuperación de la información almacenada existen restricciones cognitivas que pueden dar lugar a los sesgos. Por ejemplo, la facilidad de recuperación en función de cómo se ha organizado la información, la familiaridad, las expectativas de los sujetos o la primacía o cercanía de la información presentada.

Tversky y Kahneman 1982, expusieron diferentes experimentos. En uno se pedía a los sujetos que emitieran juicio sobre la frecuencia de las palabras en inglés que empezaban por “k” y las palabras que tenían esta letra en tercera posición. Los sujetos valoraban como más frecuentes las palabras que empezaban con ella que las otras, aunque en realidad en inglés son más frecuentes las que la llevan dentro. Este resultado se debe a que nos es más fácil recuperar palabras por su letra inicial que por las letras en otras posiciones.

En otro experimento, presentaron dos listas con la misma cantidad de nombres de personas famosas y anónimas. Cuando se preguntaba sobre la frecuencia de los nombres, se encontró que juzgaban como más frecuentes la de los nombres de los famosos. Estos nombres eran más fáciles de recordar y al poder recuperar mayor número, consideraban que eran los más frecuentes.

También se ha encontrado que cuando se presenta una hipótesis irrelevante se induce a su consideración. Por ejemplo, se describe un patrón de síntomas asociados al diagnóstico y a continuación se presenta un caso en el que este patrón es irrelevante, los sujetos se dejarán influir por las expectativas que ha generado la información presentada previamente (Chapman y Chapman, 1967).

Hay casos en dnde la información relevante no se puede recuperar fácilmente y por ello se comenten errores. Pero si se dispone de ella, tampoco es garantía que se seleccione. El problema clásico de Kahneman y Tversky, 1972, sobre “el problema de los taxis” evidencia lo dicho. Se pide a los sujetos cuál de las dos compañías de taxis pudo haber estad involucrada en un accidente antes la situación:

En una gran ciudad hay dos compañías de taxis con distintos colores: taxis azules y taxis verdes. Un 85% son taxis azules y un 15% son taxis verdes. Hubo un accidente y el taxi se dio a la fuga. Un testigo asegura que el coche era un taxi verde. En una prueba de memoria se encuentra que el testigo puede recordar correctamente el color de los coches en un 80% de los casos y que se equivoca en el 20%

La mayoría de los sujetos consideraban que el responsable del accidente había sido un taxi verde. Sin embargo con los datos presentados la probabilidad es mayor para el taxi azul: 0,85 x 0,20 = 0,17 azul. Existe un 85% de estos, por el 20% que pudiera ser si se ha equivocado el amigo, nos daría 17% 0,80 x 0,15 = 0,12 verde. En este caso el 80% de las veces no se equivoca pero solo hay un 15% de taxis verdes, y así sería probable que el 12% de posibilidades fuera el taxi verde.

A pesar de haber presentado la información relevante, los sujetos se fían más del testigo que de los datos.

Se topa también con la relevancia. No solo debe estar disponible la información sino ser relevante para la situación. El rendimiento mejora en las tareas cuando establecen relaciones causales. Por ejemplo, si se dijera que el número de taxis es igual y que el 85% de los taxis que tienen accidentes son azules, entonces los sujetos se fijan en las probabilidades a priori a la hora de dar sus respuestas.

Los errores de razonamiento también pueden deberse por el conocimiento propio o de sus creencias, haciendo que se razone a favor de ellas. Se le da más importancia a la evidencia que vaya en consonancia con nuestras creencias y se suele ignorar o minimizar aquello que las contradice. Existe la tendencia también a buscar explicaciones y aceptarlas muy fácilmente cuando éstas están en consonancia con nuestras creencias, sin la consideración objetiva de los datos que las apoyan (conclusiones precipitadas).

El sesgo conocido como de confirmación manifiesta la tendencia hacia la búsqueda de información que sea consistente con nuestro sistema de creencias, expectativas o hipótesis y a descartar aquella información que pueda falsarlas. En el razonamiento probabilístico se encuentra cuando los sujetos tienen que evaluar el diagnóstico de una enfermedad en función de los resultados positivos de una prueba. Los sujetos se basan en la diagnosticidad de la prueba para la primera enfermedad hipotética, sin considerar cuál es la probabilidad de que los resultados también sean positivos para el diagnóstico de otras enfermedades alternativas.

También está este sesgo en tareas de inducción en las que el sujeto tiene que descubrir una regla. Por ejemplo en la de “Tarea 2 4 6” donde se pide que descubra cuál es la regla de la serie. El experimentador tiene en mente una regla general como “cualquier serie de nos ascendentes”. Es habitual observar que los sujetos se empeñan en ir comprobando reglas, como los múltiplos de 2. Y ante las respuestas de los sujetos el experimentador dirá siempre “SÍ” puesto que cumplen la regla general, peor la del sujeto no es la del experimentador. Los sujetos solo generan reglas con series positivas de acuerdo con la regla y no generan alguna que pueda falsar sus hipótesis.

En general, se persiguen las estrategias que confirman y no la falsación e incluso se muestra la persistencia inadecuada al seguir defendiendo el argumento en el que se cree a pesar de la evidencia contraria. Evans indica que ello puede deberse a una restricción propia del sistema que se centra en procesar información positiva y no a una tendencia hacia la confirmación. Por ello, cree que este sesgo de confirmación pone de manifiesto las dificultades para procesar información negativa. Muestra la predilección del sistema por lo positivo y además el que se persista sobre la hipótesis en particular buscando activamente la información positiva. No obstante, Mynatt, Doherty y Tweney, 1977, nos indican que algunos muestran cierta sensibilidad ante la información que falsa sus hipótesis cuando ésta se presenta expresamente.

Cuando se presentan reglas de contenido, los sujetos intentan verificar las hipótesis si se encuentran en consonancia con su sistema de creencias y tienden a desconfirmarlas cuando piensan que pueden no cumplirse en todos los casos. El contenido y el contexto de los problemas influyen igualmente:

  1. Contenido abstracto. En condicional sería “Si p, entonces q” = >> “Si A, entonces 7”
  2. Contenido conocido, pero arbitrario: “Si es un artista, entonces pertenece a la sociedad de amantes del cine” (Lleva términos de uso cotidiano, pero que no tienen relación directa con los conocimientos o sistemas de creencias de los sujetos)
  3. Contenido familiar: “Si eres psicólogo cognitivo, entonces conoces los principios de razonamiento humano” (Este sí mantiene una relación directa con la experiencia del sujeto)

Por contexto se entiende el marco o el escenario en el que se sitúa el problema de razonamiento. El contexto se hace explícito en el diseño de las tareas experimentales mediante el uso de instrucciones o descripciones verbales o escritas que acompañan al problema.

El contenido familiar puede en casos facilitar el rendimiento y en otros sesgar sus respuestas. En las tareas de silogismos categóricos es habitual presentar un argumento deductivo y pedir a los sujetos que juzguen su validez (viene determinada la validez por la estructura sintáctica no por contenido) La verdad de la conclusión se juzga en función de la verdad supuesta de las premisas. Sin embargo, cuando las conclusiones entran en conflicto con las creencias, se aceptan como válidos argumentos que no lo son, pero cuyas conclusiones están en consonancia con el sistema de creencias y se rechazan otros que siendo válidos muestran una conclusión discordante. Pongamos un ejemplo, que solo detallo mínimamente pues se verá posteriormente:

Todos los A son B

Todos los C son B

luego, todos los C son A

Los sujetos aceptamos esto por la “Atmósfera universal” de las premisas. Significa que si alguna de las premisas contienen al menos una premisa particular , la conclusión es también particular. En el ejemplo, es el caso de UNIVERSAL donde si una de ellas contiene al menos una premisa universal (Todos...) la conclusión que demos será probablemente universal igualmente. Si una es negativa, la conclusión será negativa y a la inversa si es afirmativa: Todos los A no son B; Todos los C son B; luego Todos los C no son A. No obstante, esto mismo lo rechazaríamos si se dotara de la información que sigue:

Todos los psicólogos son seres vivos

Todos los médicos son seres vivos

Todos los médicos son psicólogos

Claramente vemos, como el contenido ha facilitado el rendimiento de los sujetos y decimos que esta conclusión no es válida, eliminando así el sesgo que produce la propia estructura formal del argumento. Cuando la conclusión del argumento se encuentra a favor o en contra del sistema de creencias de los sujetos, éstos lo consideran válido o no, respectivamente. Entre el sesgo de confirmación y el de creencias previas existe una estrecha relación, aunque es una dirección distinta. El de confirmación pone de manifiesto la búsqueda de evidencia para confirmar hipótesis, el de creencias previas, evalúa la evidencia sesgándola hacia la conclusión que sea congruente con estas creencias.

Según el modelo del escrutinio selectivo los sujetos parecen examinar la conclusión y si ésta es plausible, entonces tienden a aceptarla sin analizar la validez del argumento:

Todos los animales son seres vivos

Todos los perros son seres vivos

Todos los perros son animales

En este caso la conclusión es plausible y parece que entonces no nos molestamos en comprobar si sigue de las premisas o no, aceptándola sin más.

No obstante el mero hecho de razonar sobre contenidos conocidos no produce en todos los casos los efectos de facilitación esperados. Esto ha provocado el que los factores de contenido se asocien al contexto, entendiéndose éste vinculado con los aspectos pragmáticos del razonamiento. Los efectos de facilitación vendrían explicados por la vinculación que los sujetos hacen entre el problema y los objetivos o metas hacia las que encaminan el razonamiento. Por ejemplo, en el condicional se proponen unos esquemas de razonamiento para situaciones de regulación, tales como permisos (Cheng y Holyoak, 1985) como “Si limpias tu habitación, entonces irás al cine”, el sujeto entenderá el contexto y lo vinculará con metas u objetivos anteriores que pondrán en marcha un conjunto de inferencias correctas.

La probabilidad epistémica dependerá del conocimiento sobre la naturaleza de los objetos sobre los que se razona. Por ejemplo, se hacen generalizaciones a partir de pequeñas muestras de casos si conocen o creen conocer la variabilidad de la muestra. Se acepta generalizar cuando dicha muestra es pequeña si los objetos presentan variabilidad baja y no están dispuestos a aceptar una basada en pocas observaciones en un dominio de mucha variabilidad. Supone que según el mayor conocimiento se irán evitando generalizaciones falaces o falsas.

También se ha encontrado que el contenido puede inducir a sesgos cuando es representativo del dominio, pero irrelevante estadísticamente. Los juicios por representatividad pueden inducir a sesgos al basarse en la similitud entre conocimiento del sujeto y aquello sobre lo que está razonando.

Es el conocido “problema de los dos hospitales” de Kahneman y Tversky, 1972 donde se pone de manifiesto que cuanto mayor sea el número de observaciones más probable es que el resultado se aproxime al resultado real y cuanto menor sea es más probable obtener resultados extremos.

Para resumir, hay que indicar que los sesgos son una consecuencia directa de las restricciones o limitaciones propias del sistema que, por otra parte, es un sistema eficaz y adaptado al medio en el que se encuentra inmerso. Simon, 1989 nos indica que en pocas ocasiones el sistema de procesamiento cuenta con la estrategia exacta para resolver el problema que tiene delante y debe aproximarse a la solución por medio del “principio de la racionalidad restringida”. Todo ello hace que el marco teórico del razonamiento humano, siga debatiendo sobre racionalidad o irracionalidad del pensamiento.

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