4.2. Es estable la personalidad?

Estrategias de investigación

Para analizar si la personalidad se mantiene estable o cambia con el paso de los años, en paralelo al proceso de maduración biológica y social, se han considerado esencialmente 2 criterios:

Criterio 1. Si cambian con la edad las diferencias individuales en personalidad: esto es si el nivel relativo que cada uno tiene en las diversas variables de personalidad, cambia o permanece estable a lo largo de la vida.

Ejemplo: la dimensión de extraversión. Si un individuo se sitúa por encima de la media en esa dimensión a la edad de 15 años, se puede afirmar que la extraversión es una dimensión estable de personalidad, si el mismo individuo a los 40 años sigue puntuando por encima de la media del grupo poblacional que se tome como referencia.

El procedimiento de análisis consiste en calcular la correlación entre las mediciones de personalidad efectuadas sobre la misma población en distintos momentos temporales.

Ejemplo: medir la dimensión de extraversión a un grupo de sujetos cuando tienen por ejemplo 20 años, y volver a realizarla medición pasado un tiempo, 30 años, y calcular el coeficiente de correlación entre ambas mediciones.

Se habla de estabilidad si el coeficiente de correlación test-retest es elevado. Por el contrario, la personalidad ha cambiado durante el intervalo temporal tomado como referencia si el coeficiente de correlación es bajo.

Criterio 2. Ver si se producen cambios en los niveles medios poblacionales en las variables de personalidad asociados a la edad (cambios en términos absolutos en las variables de personalidad paralelos a la edad).

Se han usado 2 estrategias de análisis:

  • correlacionar las puntuaciones en las variables de personalidad con la edad de los sujetos: cuanto más pequeño sea el coeficiente de correlación personalidad-edad, mayor será la estabilidad de la personalidad.

  • calcular si difieren significativamente las puntuaciones medias en las dimensiones de personalidad de grupos de sujetos que se diferencian en edad (o de los mismo sujetos evaluados a distintas edades en el curso de su ciclo vital): la personalidad se mantiene estable (o cambia poco) si no existen diferencias o éstas son insignificantes.

Se han usado 2 tipos de estrategias o diseños de investigación:

1) Estudios transversales: no permiten descartar que otros factores que también hayan podido cambiar con los años, estén contaminando las diferencias observables en personalidad entre distintos grupos de edad, que, además de diferir en edad, se diferencian igualmente en esos otros factores que han ocurrido y cambiado con los años (cambios en el estilo educativo, problemas económicos, guerras…).

Una limitación de estos estudios es que pueden confundir los efectos “madurativos” (debidos al avance de la edad) con los “generacionales” (asociados al hecho de que distintos subgrupos de edad pueden diferir en otros factores, además de en edad)

Ejemplo: En una muestra de sujetos de 20 a 80 años, las diferencias que puedan apreciarse en determinada variable de personalidad entre los sujetos con menos de 30 años y los mayores de 70 años, se deban a la edad, pero también a las diversas circunstancias que acompañan el paso de la edad en los distintos sujetos. Ambos grupos extremos pueden diferir en el tipo de educación recibida, influencias ideológicas imperantes en la sociedad, problemas sociales y económicos…

2) Estudios longitudinales: en estos estudios no se da el “efecto generacional” puesto que todos los sujetos van avanzando en edad al mismo tiempo y van atravesando similares circunstancias. Así los factores más significativos afectan de la misma forma a todos los sujetos de la muestra.

En caso de que se produjesen cambios en las variables de personalidad evaluadas, se podría afirmar (nunca de forma absoluta) que tales cambios se deben al proceso de maduración asociado al crecimiento en edad y no a otros factores ajenos a este proceso evolutivo.

La limitación de estos estudios es su extensión temporal. Requiere una infraestructura económica y humana más costosa que los transversales. El control sobre la muestra es mucho menor por la pérdida de sujetos a lo largo del periodo de seguimiento.

Evidencia empírica

Estabilidad de las diferencias individuales

La cuestión es: ¿el nivel que cada persona alcanza en las variables de personalidad en relación a su grupo de referencia, se mantiene o cambia a lo largo de la vida?

Costa y McCrae en un estudio evaluaron en una muestra de adultos de 25 a 84 años de edad las dimensiones de neuroticismo, extraversión y apertura mental con un intervalo de 6 años entre la primera y la segunda medición, tomando datos de autoinforme (aportados por el sujeto sobre sí mismo) y heteroinforme (aportados por la esposa/o sobre el sujeto evaluado). Con un intervalo entre evaluaciones de3 años se tomaron datos de autoinforme sobre las dimensiones de afabilidad y tesón.

Resultados: por la magnitud de los coeficientes de correlación, las dimensiones de personalidad evaluadas muestran una significativa estabilidad, tanto cuando se consideran los autoinformes como los heteroinformes (esto son menos susceptibles de sesgos que los autoinformes). Cuando se corrigieron los coeficientes indicaron una extraordinaria estabilidad temporal en las 5 dimensiones evaluadas.

Estos resultados no descartan que se produjeran cambios asociados a la edad pero indicarían que dichos cambios se han debido producir en toda la población de forma que la posición relativa de cada individuo en las variables en estudio permanece estable.

Ejemplo: el que estaba por encima de la media poblacional en neuroticismo cuando tenía 25 años sigue estando por encima a los 40, aunque en este intervalo de tiempo su puntuación absoluta haya cambiado, pero no ha cambiado en relación con la media poblacional.

Contraste entre cambio subjetivo y estabilidad objetiva

Las impresiones subjetivas de cambio en la personalidad con el paso de los años son inconsistentes con los datos objetivos que vienen a demostrar que no hay grandes cambios en personalidad asociados a la edad.

Los datos del estudio anterior indican que la mayoría de los sujetos percibía una gran estabilidad en su personalidad (51% no ha cambiado nada, 35% ha cambiado algo pero poco) lo que sería consistente con los datos objetivos, procedentes de las evaluaciones realizadas.

Otros sujetos (14%) piensan que han cambiado mucho, aunque esta “percepción” no recibe apoyo de los datos objetivos, que vienen a indicar que han cambiado tan poco como aquellos que efectivamente pensaban que habían cambiado poco o nada.

La sensación de que nuestra personalidad cambia con el paso de los años, está en gran medida condicionada por el hecho de que nos enfrentamos a situaciones y roles distintos. Hacemos un uso distinto de la personalidad más ajustado a la realidad, de nuestros recursos y potencialidades adaptativas que constituye la parte sustancial de nuestra personalidad.

Cambio en los niveles medios de las variables de personalidad

La personalidad es bastante estable cuando se toma con indicador el nivel que cada individuo mantiene en relación a la población que le sirve de referencia. Sin embargo, los datos no permiten descartar que se hayan producido cambios en términos absolutos en las características de personalidad en función de la edad.

Ejemplo: una persona que a los 25 años se sitúa en una determinada característica de personalidad por encima del 25% de la población de referencia puede seguir manteniendo el mismo nivel relativo a los 60 años, aunque su puntuación absoluta (la que obtiene en la evaluación de dicha variable) haya cambiado.

Para estudiar la segunda forma de estabilidad ⇒ la presencia de estabilidad o cambio en los niveles absolutos de las variables de personalidad con el paso de los años, se usan 2 estrategias:

  • asociada a los estudios transversales: calcular el coeficiente de correlación entre la edad de los sujetos y los valores que obtienen en las variables de personalidad en estudio o contrastar los niveles medios en las variables de personalidad que presentaban sujetos de distintos rangos de edad.

  • asociada a los estudios longitudinales: consiste en calcular la diferencia entre las puntuaciones en personalidad que obtienen los sujetos en los distintos momentos de evaluación que se lleven a cabo a lo largo del periodo de seguimiento de la muestra.

Ejemplo de la primera estrategia ⇒ En un estudio de Costa y McCrae se calculó la correlación entre edad y los 5 grandes factores de personalidad en una muestra que abarcaba un rango de edad de 21 a 64 años. Los coeficientes fueron significativos debido en parte al elevado número de sujetos de la muestra indicando que se produce algún cambio en la personalidad asociado a la edad aunque el cambio es pequeño.

Los resultados sugieren que los pequeños cambios producidos se orientan en una disminución con la edad de los valores medios en extraversión, neuroticismo y apertura mental y por el contrario, un cierto incremento en las dimensiones de afabilidad y tesón.

Esta evolución parece lineal salvo en el caso del neuroticismo donde los datos mostraban una cierta asociación curvilínea indicando que el neuroticismo descendía hasta aprox. la edad de 75 años, para iniciar un ascenso a partir de esa edad.

Ejemplo de la segunda estrategia ⇒ las principales conclusiones del balance de investigación longitudinal hecho por Helson y Kwan indican que se producen cambios en las diversas facetas de personalidad evaluadas, de forma que las personas mayores, cuando se les contrasta con sus evaluaciones a edades más jóvenes, tienden a presentar mayores niveles de autocontrol, responsabilidad y cooperación (aspectos asociados a la disminución en neuroticismo e incremento en las dimensiones de tesón y afabilidad) mientras al mismo tiempo presentan una menor flexibilidad, habilidad e interés para la interacción social (paralelo al descenso de apertura mental y extraversión).

Las dimensiones de Afabilidad y Tesón muestran un perfil de crecimiento continuo a lo largo de las distintas etapas del ciclo vital evaluadas.

La dimensión de Estabilidad Emocional, donde se aprecia un incremento significativo hasta la edad adulta media (en torno a los 40 años) para seguir mostrando posteriormente pequeños incrementos de escasa significación y un ligero descenso a partir de los 70 años.

La dimensión de Apertura Mental muestra un perfil curvilíneo en el que puede observarse un significativo crecimiento hasta el inicio de la edad adulta, estabilizándose con pequeños cambios poco significativos hasta la década de los 60, iniciando a partir de ella un descenso significativo.

La dimensión de Extraversión. Se analizaron 2 de las principales facetas integradas en la misma:

  • Vitalidad Social (sociabilidad, afecto positivo)

  • Dominancia Social (asertividad, independencia y autoconfianza)

El perfil esperable de la dimensión global de extraversión se cumple en la faceta de Vitalidad Social pero no en la de Dominancia Social que muestra un perfil contrario.

Estos resultados ponen de manifiesto que se siguen produciendo cambios en la personalidad hasta etapas avanzadas del ciclo vital y aunque estos cambios son pequeños en la mayoría de los casos pueden tener efectos profundos en el desarrollo de la persona alo largo del ciclo vital.

Los datos de este estudio apuntan a las primeras etapas de la edad adulta como el periodo en el que se producen mayores cambios en personalidad y de signo positivo en la gran mayoría de las dimensiones, cuestionándose así la idea sostenida de que sería la adolescencia la etapa vital en la que se concentrarían los mayores cambios.

Resumen: Se permiten 2 afirmaciones:

  • existe una notable estabilidad por lo que respecta a las diferencias individuales en personalidad (el nivel relativo que caracteriza a cada individuo en las diversas características de personalidad cambia poco con el paso de los años.

  • el peso absoluto medio de las distintas variables de personalidad cambia con la edad. Salvando las diferencias individuales conforme uno se va haciendo mayor va mostrando menor número, o con menor intensidad, de indicadores de Apertura Mental o tiende a mostrar un comportamiento más responsable.

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