2.4. La naturaleza del material hereditario

El ADN está formado por secuencias de nucleótidos, que son sustancias compuestas por una molécula de ácido fosfórico más una de un hidrato de carbono (una ribosa o desoxiribosa) y más otra de una base nitrogenada (base púrica o base pirimidínica). En el ADN estos nucleótidos forman dos cadenas, cada una de las cuales está dispuesta en espiral, enroscada una sobre la otra formando una doble hélice. La espiral la marca la sucesión de las moléculas de desoxirribosa y acido fosfórico de cada nucleótido, mientras que las bases nitrogenadas se sitúan en el interior. La unión entre las dos cadenas de nucleótidos que forman el ADN se lleva a cabo a través de puentes de hidrógeno que se establecen entre las bases púricas de una cadena y las pirimidínicas de la otra.

La adenina se aparea únicamente con la timina, mientras que la citosina lo hace solo con la guanina. Esta relación restrictiva entre las bases se conoce como complementariedad y hace que las dos cadenas de nucleótidos del ADN sean complementarias entre sí. (Modelo Watson y Crick: Dado que una base púrica se aparea siempre con la misma base pirimídinica (A-T y C-G), la cantidad de bases púricas será siempre igual a la de pirimidínicas, es decir, A + G = T + C ó A / T = C / G.) Si en una determinada molécula de ADN la timina representa el 17% de todas las bases nitrogenadas de este ADN, dado que esta base solo se aparea con la adenina, la cantidad de esta también representará el 17% de las bases nitrogenadas de la molécula de ADN analizada. El 66% restante, será repartido en partes iguales entre la otra pareja de bases complementarias: 33% para la citosina y 33% para la guanina.

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